Crítica

Crítica: Ashes de Apichatpong Weerasethakul

Las imágenes como cenizas del sueño

Por Axl Flores

¿Qué es lo que se recuerda de un sueño? Probablemente imágenes entrecortadas, algunos rostros que van y vienen constantemente, algunos sonidos que se escuchan en distintos planos, una vaga historia: fui a tal lugar, hice alguna cosa, me sucedió algo; en fin, no es nada sencillo reconstruir un sueño, porque hacerlo es una actividad que se debate entre la memoria y la imaginación, cómo se puede rememorar esa imagen mental que se entreveía en un momento de ensoñación.

Mucho se ha hablado del vínculo del cine con el sueño, no en el sentido artificial de ese vínculo en el que alguna cortinilla o cambio de color transporta a ese lugar, ni tampoco en el psicoanalítico, sino en esa capacidad cinematográfica de emularlo. En uno de los textos fundamentales para la materia, Pasolini postula la existencia del «im-signo», un concepto mediante el que formula que cualquier esfuerzo reconstructor de la memoria es en cierto sentido una secuencia cinematográfica: «cada sueño es una serie de im-signos, que tiene todas las características de las secuencias cinematográficas: encuadres en primer plano, planos generales, insertos…»[1], para Pasolini soñamos como en el cine y en el cine miramos como soñamos.

En una primera instancia, quizá no haya una filmografía más alejada de tal precepto que la del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, aunque en su cine el sueño es casi indistinguible de la realidad y el paso de esta a lo onírico es casi imperceptible —por ejemplo, las secuencias del encuentro con los fantasmas en El tío Boonme que recuerda sus vidas pasadas o con las diosas en Cementerio de Esplendor—, Apichatpong burla ese esfuerzo reconstructor al valerse casi únicamente de planos generales en los que la acción es mínima, y que sin embargo están llenos de tal ensoñación, que en la lejanía sus secuencias aparecen totalmente borrosas en la memoria.

«Vale la pena preguntarse uno mismo qué es lo que recuerda después de haber soñado y cómo es eso que se cree recordar, tal vez todo el ajetreo inicial de Ashes no esté alejado de ello y es que, ante todo, la película sí parece ese esfuerzo reconstructor por rescatar una imagen mental u onírica del olvido».

Pero hay un film que incluso en lo rara que pueda parecer la obra del tailandés destaca por su anomalía dentro de su proyecto autoral, y es Ashes (2012) un cortometraje que realizó con una cámara cedida por Mubi y que fue premiado en el Festival de Cannes 2012. Los primeros momentos de la película son de una experimentación absoluta en las capacidades físicas de la imagen, los rápidos movimientos de cámara desdibujan los cuerpos y los caminos, hay cambios en el color, también sobreexposiciones, de alguna forma se podría decir que lo único que documenta, más que el día de una persona, es la incidencia de la luz sobre lo objetos, sin embargo, eso comienza a cambiar en la segunda parte de la película, en la que todo lo visto comienza a tomar otra forma.

El punto de vista de la cámara, anteriormente todo de forma subjetiva (el mismo punto de vista de Apichatpong), se olvida y cada imagen comienza a llenar la pantalla de forma azarosa, posteriormente mediante una voz en off se hará saber que cada una de ellas corresponde a un sueño o más bien a los recuerdos de un sueño, por lo que en una segunda parte, cada imagen vuelve a aparecer de una forma más narrativa, pero con la misma extrañeza, como en una suerte de lucha entre lo que se recuerda y se olvida.

Se le podría reclamar a Apichatpong el traicionar a la experimentación inicial con el relato del sueño, optando por lo narrativo en lugar de lo experimental, pero vale la pena preguntarse uno mismo qué es lo que recuerda después de haber soñado y cómo es eso que se cree recordar, tal vez todo el ajetreo inicial de Ashes no esté alejado de ello y es que, ante todo, la película sí parece ese esfuerzo reconstructor por rescatar una imagen mental u onírica del olvido. Si las cenizas son un vestigio de aquello que tenía vida, las imágenes pueden serlo de aquello que fue soñado.

Ashes (2012) de Apichatpong Weerasethakul puede verse en la videoteca de Mubi.   


[1] Pier Paolo Pasolini, “Discurso sobre el plano secuencia o el cine como semiología de la realidad”, Della Volpe Galvano, en Problemas del nuevo cine, España, Alianza Editorial, 1971, 61-76, p. 68.

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