Por: Redacción
En Huesera (2022) de Michelle Garza Cervera, Valeria (Natalia Solián), una mujer embarazada de su primer hijo, se enfrenta a un temor que parece sobrepasarla. Más allá del nerviosismo que genera la llegada de un nuevo miembro a la familia, Valeria comienza a atravesar un camino que el dolor y la incertidumbre tornan cada vez más oscuro.
En un retrato que combina el horror corporal con leyendas populares mexicanas, la actuación de Natalia Solián logra dar vida a todas las transformaciones internas del personaje a la vez que construye una fuerte reflexión sobre las presiones sociales inherentes al rol de madre. Rumbo a la ceremonia número 65 de los Premios Ariel, tuvimos la oportunidad de charlar con Natalia (nominada en la categoría de Mejor Actriz), quien nos habló sobre el proceso de construcción de su personaje, la colaboración y entendimiento con la directora Michelle Garza Cervera e incluso sobre sus próximos proyectos.
Fotogenia: Cuéntame un poco sobre cómo te sientes ahora con este reconocimiento de ser nominada a los Arieles.
Natalia Solián: Cuando me hacen esta pregunta siempre me gusta decir que es una fortuna que México tenga un espacio como la AMACC (Academia Mexicana de Artes y Ciencia Cinematográficas). La verdad es que hay pocos rubros que de alguna forma validan y reconocen el trabajo artístico que implica el cine más allá del entretenimiento, ¿no? Como que podríamos pensar que la industria tiene estas vertientes y que para el cine, que está tan vinculado a la postura del autor, es casi indispensable tener un espacio así. Por eso valido y abrazo muchísimo esta comunidad que es la AMACC. Y en lo personal, me enorgullece mucho darme cuenta de que mi carrera está tomando el rumbo que deseo, o sea, es como entrar a una categoría que me interesa, no porque el entretenimiento comercial no sea parte de algo que me que me gustaría explorar, sino porque creo que el cine todavía tiene mucho de esta valentía y este arrojo que implica empeñar tu vocación, tu tiempo y tu esfuerzo con esta idea, todavía muy romántica, de aportar algo a la sociedad y al mundo. Eso me hace sentir muy validada y orgullosa. Además, es el inicio de mi carrera y creo que es un buen inicio.
F: ¿Cómo llegas a Huesera y cómo fue el proceso de grabación e integración a un proyecto de esta talla?
N: A todas las películas, por lo menos hasta este punto de mi carrera, he accedido por vía de un casting. En Huesera hubo la fortuna de que la directora de audición era cercana a mí por el mundo del teatro y nos conocíamos. Yo soy madre, tengo una hija de cinco años, ella sabía que yo estaba en este proceso y de alguna forma para un personaje siempre cuenta la dimensión humana y aporta un diseño. Entonces me hicieron casting, fui pasando por las diferentes etapas y al momento de construir al personaje con Michelle, fue cobrando dimensión. Siempre me gusta decir que ella y yo gozamos de un privilegio que es compartir una química y un entendimiento del mundo muy similar. Creo que lo más retador de la experiencia fue vivir el día a día en los llamados que tenían bastante que ver con el nivel de energía, había que saber jugarlo, matizarlo, variarlo y soportarlo. En ese sentido creo que hicimos un gran equipo Michelle Garza y yo.

«Para mí obviamente había muchas cosas en mi maternidad que quería explorar, sanar y exorcizar. Pero lo más importante era cuestionar un rol femenino que se ha decretado culturalmente desde hace mucho tiempo como inamovible y que ha tenido consecuencias brutales».
F: La película de Huesera aborda un mensaje muy interesante alrededor de las responsabilidades de las madres, ¿cómo llevaste esta transición entre tu persona y el personaje?
N: Yo creo que las actrices y los actores… Fíjate, los griegos lo tenían muy claro. Para los griegos el arte dramático inició casi como una estafa religiosa. No quiero usar la palabra estafa, suena muy fuerte, pero sí era un encantamiento. O sea, los primeros actores fueron nigromantes. Eran los hombres que bajaban a hablar con los muertos usando sustancias y una serie de artilugios que hacían parecer que hablaban y que traían mensajes del inframundo, que se comunicaban con estos dioses y que traían un poco del orden divino a la Tierra. Ese es el inicio básico de la ficción y del ente que representa. Y yo sí pienso que algo de eso sigue conservando la figura de un actor o de una actriz. Seguimos siendo un cuerpo que se dispone a representar lo que otros no tendrían que vivir, solo ver para entender. Y en ese sentido a mí me gusta mucho tener como una sensación medio religiosa con mi oficio, que es entender que yo pongo el cuerpo para que cosas sucedan. Sin duda eso me sirve mucho como un proceso personal de entendimiento, de vivir mi sombra y mi propio demonio. Pero a la vez siempre se está dispuesto a una cosa que es mayor, que tiene que ver con un diseño que otros hicieron, que alguien más está organizando.
Quiero llegar al punto de que para mí obviamente había muchas cosas en mi maternidad que quería explorar, sanar y exorcizar. Pero lo más importante era cuestionar un rol femenino que se ha decretado culturalmente desde hace mucho tiempo como inamovible y que ha tenido consecuencias brutales y muy contundentes en cómo nos conformamos como sociedad y como cultura. Yo sé que la película tiene enfoques muy particulares, pero la voluntad sí era hablar un poco sobre este rol general, no solo sobre la maternidad, sino todas las imputaciones que tenemos que vivir las mujeres, pero también las personas cuando no atendemos esto que llamamos «la huesera», que es la sombra. Y cómo ahorcar un poco y reprimir esa sombra siempre te va a llevar a un lugar que no es genuino y que no te conecta contigo mismo.
F: ¿Qué sigue después de Huesera? ¿Cuáles son tus siguientes proyectos?
N: Fíjate que he tenido mucha suerte. Pienso que sí he sido muy necia y me he aferrado mucho a que esto es lo que quiero hacer y de alguna forma se me han abierto puertas que me gustan. Ojalá eso no pare, no quiero ser romántica, pero sí me gusta mucho pensar que voy a poder conservarme muy fiel a la línea del cine que me parece aporta algo a nuestra idiosincrasia cultural y artística. Sé que el streaming vive del entretenimiento y me encanta, ojalá cada vez se hagan cosas más redondas y complejas en ese campo. Pero hay algo en el cine que tiene una postura autoral que muchas veces es muy difícil conservar en otros esquemas de producción. Entonces yo me casaría con poder estar ahí y nutrirme de ese tipo de procesos.
Concretamente ahora estoy esperando el estreno de la película de Fernando Frías de la Parra que se viene para este fin de año, No voy a pedirle a nadie que me crea; y la película de Rodrigo García también para la plataforma Netflix: Familia. Ambas vienen para este año y siguen mucho esta línea de cine que explora la postura del autor y el juego del actor como centro de la construcción del discurso, que eso me gusta.
F: ¿Qué mensaje o recomendación te gustaría dar a las siguientes generaciones que están buscando seguir este sueño de ser actores? Incluso más en el rubro de las mujeres, al entrar en esta industria donde ha habido casos de acoso.
N: Pues bueno, en general creo que este es un oficio de mucha perseverancia. Es de inversiones profundas de alma y de paciencia, porque de pronto hay que sobrevivir con otras cosas y un poco sacar la parte económica. Siempre es como el único consejo que se me viene porque lo uso para mí misma. Es como tener toda la calma y toda la perseverancia de saber que es un proceso lento, pero hay que enfrentarlo como lo que es.

«Creo que defender nuestra identidad es siempre un punto que provoca cambio y es un proceso duro que se juzga y que no es muy cómodo al principio, pero que a la larga va trayendo frutos y va abriendo conciencia a otras cosas y a otro tipo de creatividad».
Y respecto a la objetivización de la que hablas con el cuerpo femenino y la industria, es un tema muy complejo del que creo que todas hemos sido presas en algún momento y que además hemos pensado que para poder formar parte de este circuito tenemos que permitir esa objetivización. Creo que hay una parte muy placentera de su objetivización, siempre y cuando corresponda al propio, a la propia voluntad de usarse a sí misma, porque finalmente los actores eso hacemos con nuestro cuerpo y con nuestras emociones. Pero sí me parece que es muy importante entender que también somos entes creativos, que podemos plantear un universo fuera del rango físico, fuera del rango estético estandarizado de la belleza. Creo que defender nuestra identidad es siempre un punto que provoca cambio y es un proceso duro que se juzga y que no es muy cómodo al principio, pero que a la larga va trayendo frutos y va abriendo conciencia a otras cosas y a otro tipo de creatividad. Creo que en este momento el cine mexicano es un gran ejemplo de eso. Nunca nos imaginamos que íbamos a tener una Alejandra Márquez o una Natalia Beristain, incluso una Michelle Garza. Creo que sí hay un mensaje contundente al respecto de que la creatividad femenina es muy distinta a la masculina y trae otro tipo de resultados y también son muy disfrutables.

