Columnas

Ya no escribo

En esta columna nuestra colaboradora Paulina Vázquez expresa su sentir sobre lo que implica escribir de cine en estos tiempos.

Por Paulina Vázquez

Escribir es un acto ritual de intimidad conmigo misma, un enfrentamiento salvaje con las partes oscuras que buscan desgarrar lo que no conocen para aproximarse a las entrañas de los temas y así, procurar comprenderlos.

Los versos fluyen por temporadas, casi podría decir que por estaciones o amoríos. Los ensayos, reflexiones sobre el proceso creativo y la investigación son menester de cada día, pero, la crítica de cine, la mordaz opinión mental que unida al ojo devora minutos de imagen y sonido se apagó conforme otros intereses menos vanagloriados y mejor pagados, perdón, sólo pagados, tomaron relevancia.

La vida real, pagar la renta, la despensa, dar clases, estudiar, cuidar otros seres vivos, aspirar a una vida estable, entre otras cosas, son una realidad que nos llega de golpe a algunxs. Salir de la constreñida «comodidad» del nido primigenio para embarcarse en la aventura de ser adulto pone las cosas realmente en perspectiva. Dejé de escribir críticas por múltiples razones que me llevan a cuestionarme sobre el contexto en el que estoy, pero sobre todo debido a un profundo desencanto por el medio. En las funciones de prensa siempre estaban las mismas personas, el club de retirados que no se pierden ni una función, el querido Don Emilio, algunos otros adultos y de pronto acompañantes externos, infantes, amigos de amigos de amigos… siempre las mismas personas y lxs coladxs. Sé que todos hemos sido coladxs en algún momento, que lance la primera piedra o palomita quien no, pero, esto me lleva a preguntarme ¿quién escribe más que reseñas y de verdad reflexiona?, más aún ¿quién las lee?…

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Escribí para múltiples medios y no tardé mucho en percatarme de sus muy particulares criterios editoriales, revistas que ofrecían premios que en realidad eran promesas vacías que llenarían los contenidos de sus números y alguno que otro oasis que construimos de la mano de algunos locos amantes del cine mientras la pandemia nos permitía hacer podcasts sobre revisiones completas de filmografías y ciclos especiales que se ofertaban en ese entonces online. Ninguna vez me pagaron, la realidad es que en ese momento no lo necesitaba (o es lo que me digo, lo que nos decíamos), pero ahora que sí…

Esta es una carrera de resistencia, de largo aliento, al final del día parece que no importa mucho si escribes bien, el punto es escribir, sacar la nota, perseguir el estreno, escribir primero que nadie con palabras rimbombantes y redacciones rebuscadas hiperespecializadas para después olvidar. Ir por la siguiente nota, la siguiente premier, la siguiente conferencia o entrevista y repetir.

Acá lo que más importa es el tuit, en unos cuantos caracteres hay que llamar la atención sobre el filme del momento, que te dé vistas, y eso sí quejarse a morir: que si nos manipulan con historias de padres dolidos, que si tal actor o actriz es o deja de ser, que si se junta la gente para salvar premios y estatuillas doradas mientras festivales más modestos se pierden por falta de presupuesto…

«Esta es una carrera de resistencia, de largo aliento, al final del día parece que no importa mucho si escribes bien, el punto es escribir, sacar la nota, perseguir el estreno, escribir primero que nadie con palabras rimbombantes y redacciones rebuscadas hiperespecializadas para después olvidar».

Se trata sobre todo de la merca. Las gorras, las libretas, los pines, las bolsas azules para las chelas que uno debe llevar a las inauguraciones (es importante verse cool y hacerse notar). Corrijo, ahora es tener la velita de metal en tu sala, es postear la historia de tus boletos en una de las tres cinetecas que ahora hay en la ciudad, como las tiendas OXXO, ya hay una en cada esquina; pero eso sí, no hay lo mismo en todas, claro que no porque hay que diversificar. Se complica más visionar un festival, ahora hay que pagar doble o triple pasaje, más tiempo de traslado en la selva de asfalto, sin mencionar las funciones nocturnas que olvidan a las periferias. El camión para mi «cerro» deja de salir a las ocho, dos horas y media de camino aproximadamente, si la película empieza a las nueve y me hago dos horas… y pago mi Uber de regreso a casa para llegar a escribir y al publicar no me pagan pues nada termina uno pagando por escribir, por saciar las ganas.

Estas mismas ganas de escribir más allá de los límites del tuit son las que me motivan a reflexionar.  Estos meses de estudiar desde un lugar académico y mucho más formal me han hecho revalorar mi trabajo, discerniendo de a poco entre la diferencia de análisis y crítica cinematográfica, entre las posibilidades que ofrece la creación cinematográfica cuando está fuera del circuito comercial y el entregarse al mundo de lo experimental para grabar en las montañas, en las cuevas, la oscuridad de mi hogar gracias a la posibilidad de una beca de investigación.

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Esta búsqueda personal me incita constantemente a la pregunta: ¿Desde qué lugar voy a abordar este espacio de imagen y movimiento? ¿En dónde estoy yo respecto al cine y qué lugar ocupa en mi contexto? Sí quiero escribir, pero ¿desde la investigación?, ¿desde la crítica? ¿Para qué escribimos crítica?, fuera de nuestro mundito, ¿quién nos lee?

No es mi intención generalizar pues existen sin duda sus variadas y talentosas excepciones y claro que también hay ojos que observan y leen, pero considero no se trata de ponerle estrellitas en la frente o sellos de reprobado a nadie, solo habría que asumir que la velocidad de nuestro tiempo está en una aceleración constante que nos desgasta a todxs, que nos pone a prueba, que cierra y abre espacios de crítica.  Algunxs (sobre todo lxs que no cobramos), han encontrado nicho en YouTube o en TikTok desde hace algún tiempo; otrxs, seguimos escribiéndole al público que uno podría contar con las manos o bien nos la pasamos quejándonos en Letterboxd, al menos con la libertad que nos regalan estos espacios que reciben nuestras quejas, (que de monetizarse seguramente esta libertad se diluiría).

Estamos acá en este mundito artesanal frente a las dinámicas capitalistas de consumo con el puro optimismo que nos da sacar las palabras que traemos atoradas y/o con la vaga esperanza de ser leídos y respondidos en algún momento, de dialogar sobre todas las cartas que pone el cine hoy sobre la mesa más allá de toda su olorosa parafernalia.


Imagen de portada: ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye Doust Kodjast, 1987) de Abbas Kiarostami.

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