Ensayo

Ensayo: Las transformaciones de Bertrand Mandico

Apuntes sobre el cine de Bertrand Mandico

Por Axl Flores

Transformación según su raíz etimológica, del latín transformare, es algo que cambia, algo que muta de un estado a otro. Cine (apócope de cinematografía) significa escritura en movimiento. Movimiento puede significar traslado, pero también cambio. El cine, entonces, muestra a las cosas mientras cambian, ya sea de posición o de lugar. En ese sentido, mediante una fórmula que es del todo discutible, puede decirse que el cine tiene una cierta capacidad para transformar a las cosas, para brindarles otro sentido.

Esa pequeña introducción sirve para ilustrar lo que sucede en el cortometraje Living Still Life (La résurrection des natures mortes, 2012) de Bertrand Mandico, en el que mediante el artificio cinematográfico se realiza una búsqueda que intenta transformar organismos muertos y darles una vida. Al inicio de la película, la protagonista de nombre Fiévre (Elina Löwensohn, actriz predilecta del director) cuenta la historia de una mujer que lleva su vida normal, pero que lamentablemente no puede reír, “me gustaría poder hacerla reír y verla por última vez” dice antes de que la imagen pase completamente a negros. Lo que sigue a esa declaración son cuatro episodios en los que Fiévre intenta regresar a la vida a varios animales y a la mujer del relato inicial a través de cintas animadas stop motion, lo que parece una imposibilidad dictada por las leyes naturales es logrado mediante el cine.  

La condena científica de la creación monstruosa al intervenir el curso de la naturaleza de un Frankenstein, en el cine queda anulada. En Living Still Life las imágenes en movimiento reclaman una parte de la vida y del tiempo para someterlas a su propia dinámica, no sucede aquí un proceso similar al del embalsamiento, el complejo de la momia como el que menciona André Bazin en la Ontología de la imagen fotográfica y que busca escapar a la inexorabilidad del tiempo; se trata de manipular el tiempo y burlar esa inexorabilidad: engañar a la vida.

Fotograma de Living Still Life

En los 16 minutos de duración del cortometraje se muestra, a través de la sucesión de imágenes, el cuerpo de un conejo, que vuelve a su movilidad habitual; un perro y un caballo, que vuelven a correr y hasta casi ladrar o relinchar; una mujer, que vuelve a acariciarse el cabello. Una cita de Walt Disney al comienzo de la película, “la animación es la ilusión de la vida”, remarca esa ambigüedad de la imagen: la de representar, pero a la vez abstraer la realidad. El proceso de montaje hace que el cine sea un arte en constante cambio.

En Living Still Life el cine es una posibilidad de transformación e incluso de mutación, sin embargo, para Mandico esa idea no se inscribe solamente en esa vertiente, en su filmografía, integrada en su mayoría por cortometrajes y un largometraje, la mutación tiene un lugar primordial.

El caso de Waleryan Borowczyk

En Boro in the Box (2011) un niño con una cabeza de madera explica las motivaciones que lo llevaron a realizar cine o más bien a dar vida a través del cine; ese pequeño niño lleva el nombre del director polaco Waleryan Borowczyk. A través de lo que se denomina un alfabeto fantasmagórico, Mandico profundiza en las temáticas habituales del cine de Borowcyzk: lo fantástico y lo erótico.

La caja que lleva Borowczyk como cabeza condiciona su campo de visión a un solo agujero y desde esa visión reducida o alterada es donde concibe su idea del cine. Que Mandico se haya interesado por la obra de Borowczyk no debe dejarse pasar como mera casualidad, la obra de Mandico, como la del polaco, está fuertemente influida por lo erótico y la transformación; ambos cineastas centran su atención en lo anómalo como una identidad que desafía valores morales, e incluso lo que comúnmente se conoce como buen gusto.

Fotograma de Boro in the Box

Una aproximación rápida a la filmografía de Borowczyk mediante sus películas más conocidas como Cuentos inmorales (Contes Immoraux, 1973), Interior de un convento (Interno di un convento, 1979), La Bestia (La Bete, 1975), etc. deja en claro el interés del director de usar lo monstruoso y lo vulgar para criticar a instituciones como la Iglesia o la familia francesa. Quizá La bestia sea la ejemplificación más osada de esa hipótesis, en ella la figura de un hombre-bestia amenaza el casamiento arreglado de una pareja de jóvenes educados por las «buenas costumbres», el placer y el deseo se muestran como territorios —negados por la doble moral, la religiosidad y el costumbrismo—, que solo pueden ser explorados por el impulso sexual animal.

Mediante la figura del hombre monstruo que domina sexualmente a la mujer y la hace descubrir un lado sexual al que no puede resistirse, Borowczyk trasciende supuestamente —esto parece ser un valor común acuñado por la crítica— los límites de lo erótico y lo pornográfico, de lo moral e inmoral; sin embargo, también reproduce un discurso de dominación completamente masculino. Es interesante cómo un discurso que se asume como disruptivo sea tan renuente a integrar el placer femenino lejos de la figura del hombre o de lo fálico, incluso en sus obras más alejadas de lo sexual la mujer sigue apareciendo como un objeto de deseo y no un sujeto deseante, por ejemplo, en Theatre of Mr. And Mrs. Kabal (Théâtre de M. et Mme. Kabal,1967), aun siendo una cinta animada, los cuerpos femeninos son reducidos a la mera observación masculina. La bestia desafía lo establecido, pero el discurso continúa siendo completamente hegemónico.    

Mandico entiende bien esa problemática y aunque constantemente referencia al realizador polaco, en su cine no se encuentra esa tendencia a la representación masculina hegemónica, las transformaciones o mutaciones no solo critican los valores morales y religiosos, sino también cuestionan el género y la forma de retratar la sexualidad. La mejor forma de homenaje es el cuestionamiento y en su posterior filmografía, sin desligarse estéticamente de Borowczyk, Mandico llega a senderos más disruptivos al centrar su atención en la identidad de género y la heteronormatividad, más específicamente en Lxs chicxs salvajes (Les Garcons Sauvages, 2017) y Apocalypse After (Ultra Pulpe, 2018).

Fotograma de Lxs chicxs salvajes
Fotograma de Apocalypse After

Sobre transformaciones y mutaciones

La idea del mutante en el cine está grandemente relacionada al éxito actual de las cintas sobre superhéroes, en este cuasi género cinematográfico el mutante siempre es un ser épico que debe decidir entre salvar al mundo o dedicarse a devastarlo, su fórmula consiste en dar la apariencia de una supuesta tensión dramática entre el bien y el mal, que solo enlaza a la siguiente entrega del héroe protagonista. Algo que está completamente negado a este tipo de personajes es lo íntimo y lo sexual, Bruce Banner se detiene en el coito porque su pulso podría traer a Hulk y por consiguiente perderse totalmente, en Avengers: End Game (2018) ya no hay división entre Banner y Hulk porque se ha borrado lo animal, lo fúrico y a final de cuentas lo sexual, y es que simbólicamente la figura de Hulk es, al igual que la de la bestia de Borowczyk, puramente sexual, masculina y animal.

En Apocalypse After un personaje menciona que Jean Cocteau la llamó para hacer una película sexual de superhéroes, en especial sobre Hulk, porque este personaje es “la encarnación de la erección masculina”. Lejos de lo ilógico del diálogo, esa línea esconde una de las claves del cine de Mandico, para él, la mutación está siempre vinculada a lo sexual, pero a diferencia de Borowczyk y el personaje de Marvel, este director no lo entiende solamente como una reafirmación de la dominación masculina, sino como la posibilidad de dar paso a una diversidad de discursos de género. En Apocalypse After, que es su realización más futurista y que en ocasiones toma forma de metacine, las mutaciones y la bestialidad animal están presentes, pero ya orientados completamente al deseo femenino: el de una directora de cine clase B que cuenta a su actriz predilecta la historia de su próxima película.

Fotograma de Lxs chicxs salvajes

Ese discurso se encuentra de forma más subversiva en su realización anterior, el largometraje Lxs chicxs salvajes, en el que después de cometer un crimen, cinco chicos (interpretados por cinco chicas) son obligados a pasar una larga temporada con un personaje llamado “El Capitán”, quien a manera de rehabilitación los lleva a una isla en la que la naturaleza tiene vida propia y los hace transformarse; de una masculinidad agresiva y hegemónica mutan a una feminidad desafiante y anarquista. En esa isla conocen a la doctora Séverine, quien les guiará en su proceso de transformación y les hará saber que lo sucedido es resultado de un proyecto para transformar el mundo, una forma de erradicar la violencia masculina y del que ahora ellas deben ser parte.

Es sumamente revelador que, aunque en un inicio la película sea completamente fálica, pues toda la naturaleza que rodea a los personajes toma esa forma; rumbo al final, las imágenes más controversiales provienen de la caída de los genitales de las protagonistas. La transformación-mutación en cierto sentido es física (y biológica), pero sobre todo ideológica, la de un mundo más allá de lo masculino y de lo heteronormativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: