Crítica

El amor en febrero| Crítica: Paterson de Jim Jarmusch

La poesía de la cotidianidad y el amor

Por Paulina Vázquez

No sabemos el tiempo que perdemos-

el momento horrible es

y toma su lugar fundamental

entre las certidumbres-

una firme apariencia aún distiende

el naipe -la suerte- el amigo-

el espectro de la estabilidad

cuya sustancia es arena.

Emily Dickinson

Paterson (2016), es un poema de siete estrofas y un verso independiente; una oda a lo cotidiano. La repetición es su elemento imprescindible, así como también lo es para el ritual y la poesía. Resulta interesante cómo el filme hace uso de este recurso evitando caer en la saturación semántica, es decir, la pérdida del significado y sentido momentáneo de una palabra o frase gracias a su repetición ininterrumpida, por el contrario, encuentra su fortaleza en las variaciones dentro de cada reincidencia simbólica. Su resultado es el énfasis de la belleza de la cotidianeidad.

A través de un proceso narrativo enfocado a la observación de lo que bien podría considerarse trivial, Jim Jarmusch versa: Paterson despierta, ama a Laura (su pareja), desayuna y maneja un autobús por su ciudad homónima. Él escucha lo que se platica a su alrededor y en el almuerzo piensa, la sincronicidad en su vida atrapa aquello a lo que presta su atención. En Paterson todo lo que se rima gira en torno a dos artistas que concilian sus vidas con sus procesos creativos.

Paterson y Laura establecen vínculos con los objetos y coinciden en aspectos que abonan armonía a su relación. Laura imprime a su alrededor texturas y formas monocromas, explora su concepto y se plasma a sí misma en los elementos de su entorno. Paterson, encuentra en los objetos la esencia de su propia historia, la belleza de lo coyuntural, lo fugaz y la necesidad de retener las emociones o pensamientos que estos le evocan.

De igual manera, el filme conjuga distintas capas semánticas que proporcionan un sentido lírico y poético a su narrativa. Jarmusch se asegura de reparar en lo fútil casi de manera etnográfica y hace un retrato del presente: los zapatos de los niños en el autobús que no alcanzan a tocar el piso, la palabra fire (fuego) en la pared se hace notar inmediatamente después de que Paterson escribe sobre los cerillos Ohio. Paterson resalta la unicidad de la monotonía y no se conforma con plasmar las figuras poéticas de Williams Carlos Williams, o las atmósferas que Emily Dickinson tejía en sus poemas, sino que además propone una forma distinta de entender el amor.

Cuando se presenta el diálogo entre los protagonistas, las disparidades en sus opiniones nos alertan. Esperamos a que detone el golpe sordo de la violencia, la imposición de poder de uno sobre el otro y que la acumulación de tensiones evidencie las fisuras de la relación para anticiparnos a su ruptura. Nada de esto sucede. Las desavenencias entre ambos son simplemente partes de un día que se diluye al anochecer. Laura se expresa sin miedo: pide, comunica lo que siente y desea. Paterson se mantiene en sus convicciones, disfruta de su privacidad para explorarse a través de su poesía, da y recibe. El amor que comparten no pide el sacrificio del otro, sino que promueve y practica la devoción recíproca. Las afirmaciones en sus pláticas vienen de una preocupación genuina por el otro. Se aman en silencio y a su modo.

«En Paterson la mirada a la vida ordinaria encuentra en su sencillez la alegría que da pie a los versos de un poema…».

En un universo fílmico hastiado de representaciones añejas del amor, cuya pasión desbordada se amarga ante la inseguridad de los celos, las infidelidades y la verticalidad de sus interacciones, la propuesta de Paterson resulta un alivio  al señalar las dinámicas de otras parejas y sus convenciones de interacción, como el arrebato de Everett emulando un intento de suicidio por una relación tormentosa, o el reclamo público de una esposa a su marido que ha tomado sus ahorros sin permiso, se logra un contraste que apela al disfrute romántico desde la estabilidad y el respeto mutuo.

Quedémonos pues con lo que se nos da: el amor cultivado a través de la constancia de pequeños actos de cuidado, cariño y profundo respeto. En Paterson la mirada a la vida ordinaria encuentra en su sencillez la alegría que da pie a los versos de un poema y la constante certeza de vivir el presente mientras se mira absorto la evanescencia de cada amanecer.


Nota de la redacción: Este texto forma parte la Convocatoria de febrero escribe sobre tu película romántica favorita publicada en redes sociales de Fotogenia.

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