Crítica

Crítica: Cosas que no hacemos de Bruno Santamaría Razo

Crítica de la película «Cosas que no hacemos» de Bruno Santamaría Razo.

Un acto de valentía

Por El Huitzo

A pesar de ser una persona sumamente carismática, Dayanara nunca parece estar del todo dentro, siempre parece estar mirando desde afuera, anhelando y temiendo un mundo al que no puede pertenecer realmente, no del todo.

Dayanara Cisneros es la protagonista del documental Cosas que no hacemos, dirigido por el director mexicano Bruno Santamaría Razo. En este filme observamos de cerca el camino de Dayanara —entonces Arturo— en su proceso de búsqueda de identidad, y posteriormente de aceptación, no solo consigo misma, sino con el ambiente profundamente machista que la rodea.

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Contada de una manera que parece caminar sobre la línea entre lo poético y lo observacional, Cosas que no hacemos nos encuentra en medio de una pequeña comunidad situada justo entre Nayarit y Sinaloa, un lugar donde cosas como la precariedad y la violencia son tan naturales en la niñez como un bailable escolar o los malvaviscos en una fogata junto al mar. La narrativa nos da tiempo de comprender a estas personas y el mundo en el que viven, nos hace parte de sus vidas.

«Cosas que no hacemos es, principalmente, una película sobre un profundo acto de valentía».

Sin embargo, más que la historia de la población, esta es la historia de Dayanara viviendo en ese contexto mientras trata de entender cómo encaja su identidad en una sociedad que está acostumbrada a ignorar a sus ciudadanos más vulnerables, el filme no deja de empaparnos de sus ilusiones, pero, también nos deja claro el miedo constante en el que vive, el temor que la opresión del ambiente le ha impuesto hasta este punto de su vida.

El documental de Santamaría busca, desde su lenguaje visual —aquí el trasfondo del director como cinefotógrafo funciona a su favor—, reflejar la libertad que Dayanara desea, la cámara no mira románticamente su entorno porque hacerlo sería una contradicción, sin embargo tampoco lo mira con frialdad, parece entenderlo, pero, sobre todo, parece respetar los pocos espacios en los que Dayanara puede ser verdaderamente libre, en sus momentos de absoluta liberación junto al mar, en las ocasiones en las que, por primera vez comienza a asumirse tal como es, con vestido, con el cabello suelto, finalmente feliz de saberse ella y nadie más.

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Cosas que no hacemos es, principalmente, una película sobre un profundo acto de valentía. Para cuando al fin llegamos al momento climático, en el que Dayanara decide salir del clóset con su familia, ha sido tan íntimo el viaje que hemos recorrido a su lado que sentimos su fragilidad y su vulnerabilidad desbordarse de la pantalla, pero sobre todo sentimos su fortaleza.

«Ni tanto», responde cuando poco después alguien detrás de cámara le dice que es valiente, «ni tanto…» y, sin embargo, lo es. Atreverse a aceptarse y a ser tal cual es, en un mundo que es a menudo tan hostil y violento, siempre será un acto de inmensa valentía.


Cosas que no hacemos forma parte de la competencia Ahora México en el FICUNAM 11.

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