Crítica

Crítica: Madres paralelas de Pedro Almodóvar

Crítica de la película «Madres paralelas» de Pedro Almodóvar | La más reciente película de Almodóvar estrenó este fin de semana en algunas salas del país antes de su llegada a la plataforma Netflix este 18 de febrero.

Las heridas abiertas de la familia española

Por Mauricio Guerrero Martínez

La madre es una figura fuerte e imponente en diversas culturas, de una u otra forma sostiene mitos que continúan por generaciones y puede llegar a ser la base de una religión, una identidad, una comunidad o incluso, un estado-nación. Tras realizar La voz humana (The Human Voice, 2021), un mediometraje basado en un monólogo de Jean Cocteau, el cineasta manchego Pedro Almodóvar regresa con Madres paralelas (2021), una reflexión sobre los aspectos emocionales y políticos que engloba la figura materna a través de una historia original que tiene como protagonistas a tres madres: las dos primeras, de carne y hueso, unen sus vidas tras conocerse en la sala de un hospital y dar a luz el mismo día; la tercera, simbólica, es «la madre patria» representada por un pequeño pueblo en las afueras de Madrid.

En un primer momento conocemos a Janis, una mujer en sus casi cuarenta que se involucra emocionalmente con un antropólogo forense, quien promete ayudarle a identificar los restos de su bisabuelo asesinado tras estallar la Guerra Civil Española. Posteriormente conocemos a Ana, una adolescente que se convierte en madre luego de ser víctima de un abuso sexual y con quien Janis entabla una amistad a pesar de la diferencia de edades. La vida de estos personajes, interpretados por la incondicional Penélope Cruz y la joven actriz Milena Smit, se vuelven a cruzar luego de que ambas se necesiten mutuamente, por un lado, Janis busca una niñera confiable, mientras que Ana necesita un empleo estable y un techo después de sufrir una pérdida irreparable.

Fotograma de la película «Madres paralelas» de Pedro Almodóvar.

Como es usual en el cine de Almodóvar, el melodrama lleva la trama por rincones oscuros, por deseos «prohibidos» o por decisiones egoístas que encierran a los protagonistas en las consecuencias de sus propios actos. Pero los grandes giros de esta historia no solamente ocurren en el presente de los personajes, sino en su pasado. Para el cineasta, la madre es una persona compleja, que es vanagloriada cuando decide por el bienestar familiar, el de los otros; y juzgada cuando decide por ella misma. Pero también, es un lugar al que se vuelve de vez en vez para redescubrir algo que nosotros mismos hemos aprendido de ella, ya sea por las buenas o por las malas. Para Ana, por ejemplo, el llamado «instinto maternal» surge luego de reconocer que su madre nunca estuvo ahí para ella. Mientras que Janis ve en los pasos de su madre y abuela (su otra madre) las enseñanzas para ser una persona independiente.

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Durante un momento, Almodóvar confronta a Janis y Ana, ambas discuten sobre sus sentimientos sin entenderse mutuamente, no solo por la diferencia de edades, sino porque los contextos de donde provienen las alejan de muchas maneras. Ana proviene de una familia privilegiada, seguramente una con una historia beligerante e inclinada al franquismo. Mientras que Janis proviene de un pueblo donde una fosa impide a los habitantes cerrar las heridas que causó la guerra en sus familias. Entonces, una España dividida es la tercera protagonista de esta historia, una madre maltrecha que ha perdido a sus hijos y resquebrajado a sus familias en nombre del Estado.

Fotograma de la película «Madres paralelas» de Pedro Almodóvar.

«Almodóvar convierte a esta película de un melodrama familiar a un manifiesto sobre la memoria y una invitación al espectador a no dar por obvio a la injusticia. La película no nos habla desde la abstracción de una nación, nos habla desde los huesos y la sangre de personas de a pie».

Para Almodóvar, de 72 años, las heridas de la guerra se vivieron en carne propia. Cuando joven vivió el fin del estado fascista y su generación, la llamada “movida madrileña”, fue la primera en gozar de una libertad ideológica como no se había visto en décadas. No obstante, los ecos del pasado siguen resonando en él y en cientos de familias que aún cuentan historias de aquellos que fueron desaparecidos por el ejército hace ya casi un siglo.

Para estas madres paralelas es necesario volver a abrir la herida original para sanarla de una vez y por todas. Finalmente, Almodóvar convierte a esta película de un melodrama familiar a un manifiesto sobre la memoria y una invitación al espectador a no dar por obvio a la injusticia. La película no nos habla desde la abstracción de una nación, nos habla desde los huesos y la sangre de personas de a pie.

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