Crítica

Crítica: Family Romance LLC de Werner Herzog

Lo natural y lo artificial

por Axl Flores

“Todo eso no es verdad. Sin embargo,

extrañamente, tiene algo de verdadero”

-Werner Herzog

Muchas de las fotografías del rodaje de Family Romance LLC (2018) muestran a Werner Herzog dando indicaciones a los protagonistas y con apenas una pequeña cámara en las manos, aunque Herzog ha dirigido un gran número de ficciones entre las que se encuentran clásicos como Fitzcarraldo (1982) -que destaca especialmente por su gran producción- ese estilo no es completamente extraño a él, en sus obras más inmediatas, casi en su mayoría documentales, Herzog ha optado por abandonar los grandes artificios para en su lugar desarrollar discursos más íntimos, cosa nada rara cuando lo que se quiere captar es una supuesta realidad.

Durante gran parte de la duración de la película, pese a una introducción del mismo director afirmando que lo realizado es producto de una ficción, se tiene la impresión de que lo que se está viendo es parte de un documental, Herzog se vale de su gran experiencia como documentalista para darle una cierta ambigüedad a su puesta en escena en la que es difícil distinguir entre lo real y lo ficticio, justo como la misma historia que narra el film.

La película lleva el nombre Family Romance LLC en honor a una agencia japonesa que se dedica a rentar familiares, fundada por Yuichi Ishii, quien también es el protagonista del film, esta agencia se dedica a brindar a sus clientes un acompañamiento mediante actores que simulan ser un familiar suyo.  Herzog disecciona de cierta forma la operación de Family Romance, sin embargo, en lo que más profundiza es en qué tan reales pueden sentirse esas relaciones contratadas, a través de la historia de Mahiro una niña que no conoce a su padre, y que por lo tanto, su madre recurre a la agencia para simular un encuentro, en el que el propio Yuichi hará de padre de la joven.

Una de las visiones más comunes que tiene el occidental promedio sobre Japón e incluso sobre toda Asia, es la idea de que la familia es sagrada, entendiendo por familia ese lazo de sangre que une a las personas, un lazo natural. Nada natural es la familia en el cine de Hirokazu Kore-eda, director japonés que en los últimos años ha dedicado gran parte de su filmografía a desafiar ese concepto, para prueba lo realizado en De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) y Nuestra pequeña hermana (Umimachi Diary, 2015), pero principalmente en Un asunto de familia (Manbiki kazoku, 2018), en la que la importancia del vínculo no está tanto en la naturalidad, como en la existencia de él. Pronto, lo que parece una cuestión autoral es un sentimiento colectivo en ese Japón sacralizado ante la mirada de occidente, una reconceptualización de lo más necesario, el contacto humano de lo más elemental: sentirse acompañados, la existencia de un yo para un tú, aunque sean un yo y un tú no del todo verdaderos.

“La soledad es la enfermedad de nuestro siglo” dice Herzog en el Q&A que organizó Mubi después de la proyección de la película en su plataforma. Varios de los testimonios de clientes reales de Family Romance coinciden en que la razón que los llevó a solicitar los servicios de la agencia fue sentirse faltos de compañía[i]. En la película una mujer contrata a varios actores para que le tomen fotos por las calles como si fueran paparazzis y así pueda volverse viral en redes sociales, muchos transeúntes se acercan a tomarse fotos con ella. En otra escena, Yuichi visita un hotel que es atendido completamente por robots, supuestamente para “mejorar la experiencia del cliente”, la cámara de Herzog enfoca a un pez robot dentro de una pecera. Si la soledad es una enfermedad, la farsa de lo artificial es una suerte de cura.

“El servicio no se trata de crear una realidad alterna y complaciente, sino de recrear los vínculos en toda su complejidad, la simulación es mostrada como una extensión de la realidad que cuestiona ¿qué tanto de nuestra vida “natural” es completamente verdadera y qué tanto de nuestra vida “artificial” es falsa?”

Family Romance LLC, sin embargo, no muestra lo artificial como una vida carente de sentido o totalmente opuesta a la natural, la relación de Yuichi con Mahiro en ocasiones parece tornarse del todo real, incluso en una reunión con la madre de la joven, Yuichi dice que no puede fingir un gesto para complacerla porque eso sería mentir.

En ese sentido, el servicio no se trata de crear una realidad alterna y complaciente, sino de recrear los vínculos en toda su complejidad, la simulación es mostrada como una extensión de la realidad que cuestiona ¿qué tanto de nuestra vida “natural” es completamente verdadera y qué tanto de nuestra vida “artificial” es falsa?, la película vuelve una y otra vez a esa pregunta con esa ambigüedad en la que, aunque sepamos que estamos ante una ficción, dudamos sobre qué tanto de ello es producto de un drama y qué tanto procede de la vivencia real.

Con apenas una cámara en mano y sin un gran conocimiento del japonés, Herzog se aventura a cuestionar las fronteras entre lo real y lo ficticio, lo natural y lo artificial, como si fuera un joven cineasta que hasta se permite momentos de metáforas aisladas, como la de un teléfono conectado al viento; el objetivo es claro, hacer invisibles los límites entre el cine y la vida, entre eso que creemos real y lo que se supone como ficción.   


[i] Japan´s rent -a- family industri, https://www.newyorker.com/magazine/2018/04/30/japans-rent-a-family-industry, 04-07-20

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