Crítica

Crítica: Cuatro películas del GIFF

por Axl Flores

La <<nueva normalidad>> es un término cada vez más común en nuestro vocabulario. Un concepto que antes podía parecernos casi tragicómico hoy es lo que nos permite llevar cierta tranquilidad en la incertidumbre, poco a poco todo simula su ritmo habitual, ya han abierto restaurantes, gimnasios e incluso los cines, pero cada regreso a una actividad, entre cubrebocas, caretas y múltiples filtros sanitarios nos recuerda que algo no es igual, porque el riesgo de un contagio podrá ignorarse, pero seguirá ahí.

Los festivales de cine también han sabido acoplarse a esos nuevos movimientos que exige una nueva realidad, después de que en los focos rojos de la pandemia varios se desarrollaran de forma completa en línea y otros optaran por su cancelación, en esta segunda mitad de año algunos festivales se han aventurado a desarrollarse de manera presencial o de manera híbrida, es decir con funciones en línea y algunas de forma presencial.

Ese es el caso del Festival Internacional de Cine de Guanajuato, que en su edición 23 conjuntó las funciones presenciales con una parte de su programación en línea, disponible gratuitamente para todo México. La posibilidad que brinda un festival en línea, con un catálogo que aumenta día con día, debería ser para considerarse en próximas ediciones, porque sin duda el público gana mucho con ellas, en lo personal no había tenido la oportunidad de ver ninguna película del festival anteriormente.

Sin una programación tan restrictiva y con un tiempo de 48 horas para ver cada película —entre el tiempo de la renta y el del visionado— uno puede elegir con mayor comodidad qué películas ver, por lo que aquí escribo de las que en una primer instancia me parecieron interesantes, porque si ver una película en un festival es de por sí una elección subjetiva, en su edición en línea ésta es aún mayor.

This is not a burial it’s a resurrection (2019) de Lemohang Jeremiah Mosese.

La vida y la muerte, el principio y el fin son solo las partes de un ciclo que se repite en esta película en la que se cuenta la historia de un pueblo originario de Lesoto que lucha por no ser despojado de su espacio de vida, erigido sobre los cuerpos de sus ancestros enterrados hace años.

A través de la figura de Mantoa, una mujer de avanzada edad encargada de los entierros del pueblo, se muestra cómo el extractivismo industrial aniquila toda una cosmovisión que ve a la vida terrenal solo como una parte del todo. “Cada vez que menciono la palabra progreso, mi lengua literalmente se enrolla hacia atrás” menciona uno de los personajes, una reflexión que se vuelve metáfora cuando la idea del progreso arruina la unión con su tierra.

Quizá esa tendencia a la metáfora sea lo más problemático de la película, Mosese no se interesa por ningún realismo, sino que brinda un aspecto poético a cada una de las imágenes de la película, todas sumamente bellas, pero en cierto momento parecen no ir más allá de lo meramente estético.

En una suerte de conclusión pienso que ver esta película en cine debe ser todo un deleite visual. 

Fotograma de This is not a burial it´s a resurrection

All cats are grey in the dark (2019) de Lasse Linder

En una de las secuencias más extrañas de este cortometraje documental, se observa a un hombre que camina entre paisajes nevados con dos pequeños gatos montados en su espalda, después sabremos de él que se llama Christian y que su única compañía en la vida son precisamente esos dos gatitos de nombre Marmelade y Katjuscha, situación por la que se le conoce como “El hombre gato”.

En varias ocasiones he manifestado mi interés por la figura de los animales en el cine, tal vez romantizando un poco nuestra relación con ellos, pero ver esta película con ese tono sería peligroso, porque All cats are grey in the dark es una historia sobre el cuidado excéntrico a los animales, sobre las fijaciones que ponemos en ellos.

La soledad de Christian y su obsesión por ser padre de unos gatitos, que lo lleva a aparear a Marmelade en varias ocasiones, confronta todos los límites de lo que consideramos normal, un hombre en calzoncillos acariciando a un gato pidiéndole que tenga cachorros está fuera de esa lógica. Sin embargo, el principal mérito de Linder se esconde en ese tipo de escenas, el registro de las acciones de su personaje no da una interpretación de lo que la cámara observa, es una observación sumamente fría de lo que puede ser una patología o un amor incomprendido.

Fotograma de All cats are grey in the dark
Fotograma de My mexican pretzel

My mexican bretzel (2019) de Nuria Giménez Lorang

Todo lo que destaca de My mexican bretzel podría no parecer tan atractivo en una primera instancia: una película casi muda con algunos efectos sonoros, cuya acción se compone totalmente de películas caseras protagonizadas por una pareja y el diario de una escritora llamada Vivian Barrett ­-escrito por la misma directora- que aparece solamente en los subtítulos.

Con esos restos de narraciones ajenas -o supuestamente ajenas- Giménez crea un relato en el que lo ficcional y lo documental se entremezclan para reflexionar sobre los alcances del cine, la creación y reinvención de historias, un juego con las convenciones de ese género casi ensayístico que inspecciona en la intimidad y sus orígenes. Aquí el montaje es un triunfo del cine sobre lo verdadero y lo falso, no hay un atisbo de veracidad, solo ambigüedad.

El cine para la directora es parecido a aquella reflexión sobre el acto de filmar que aparece en pantalla en un momento: “es una de las mejores formas de autoengañarse, también es una lucha encarnizada contra la soledad y un bello modo de desaparecer”. En My mexican bretzel se olvida cualquier interés por la verdad, para en su lugar tratar de comunicar un estado de ánimo, la importancia no radica en la persona que está detrás de esos diarios o de esas películas caseras, sino en lo que, en su conjunción, puedan decirle al espectador.

Los niños lobo (2019) de Otávio Almeida

Este corto documental se encuentra en las antípodas de My mexican bretzel, pero en él la ficción y el engaño también es fundamental.  Los niños lobo retrata la vida de dos hermanos, Alejandro y Vismar, quienes en una realidad poco esperanzadora gastan su tiempo contándose historias creadas a partir de los recuerdos de su padre de la guerra de Angola y aspectos históricos de Cuba.  

A través de lo lúdico y la oralidad de estos niños se presenta una reinterpretación de la Revolución Cubana que dice mucho de cómo las nuevas generaciones miran este hecho, porque si algo se demuestra en la corta duración de esta película es que el juego infantil nunca es tan sinsentido como la mirada adulta se imagina, al final de cuentas, observar a dos niños que juegan a hacer la guerra es tan problemático como la guerra misma.

Fotograma de Los niños lobo

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