Crítica

Crítica: La Audición de Ina Weisse

La búsqueda atroz del virtuosismo y su irrefrenable ventura

por Paulina Vázquez

Epitafio

Un pájaro vivía en mí.

Una flor viajaba en mi sangre.

Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces

me quisieron. También a mí

me alegraban: la primavera,

las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.

Una flor.

Un violín).

 Juan Gelman.

Uno de los grandes mitos sobre la sangre, es que cuando sale por la nariz hay que echar la cabeza hacia atrás. Lo correcto, por el contrario, es permitir que ésta escurra, pues los vasos reventados que le han liberado ya nunca serán capaces de volver a contenerla, la han perdido. Intentar conservar el fluido es inútil, su salida del cuerpo sólo servirá para sentir su sabor en la boca mientras tiñe su recorrido descendente por la garganta y la lengua hacia el estómago. Lo mismo sucede con la música y con la vida, pues contener el cauce natural del destino, del presente, del sonido, además de imposible es igualmente inútil. La acción de retener sólo la volverá toda una masa sanguinolenta y coagulada. La vida, la sangre y la música son pues incontenibles, correspondientes e irrefrenables. 

La directora alemana Ina Weisse demuestra con La Audición (Das Vorspiel, 2019) la impresionante claridad y determinación con la que se encarga de encauzar cada aspecto del filme hasta llevarlo a sus extremos más vehementes sin necesidad de escenas exhibicionistas. Lo que en un principio parece ser un melodrama sobre la vida de una educadora que se desarrollará principalmente alrededor de la música, vira inesperadamente hacia los terrenos del thriller psicológico estableciendo plenamente una tensa relación con el espectador que mira incómodo, pero inevitablemente atrapado en la trama de esta producción.

Desde luego, un factor determinante para el filme es la participación de Nina Hoss, prodigiosa actriz que encarna el complejísimo y brutal personaje de Ana Bronsky, una mujer adulta cuya pulsión obsesiva y agresiva necesidad de perfección se desdoblan en cada aspecto de su vida colapsando todo a su paso: desde un simple almuerzo hasta su matrimonio, su hijo, su nuevo estudiante y hasta el grupo al que recién se unió para volver a tocar en público. Por su parte, el reconocido Simon Abkarian desempeña el papel de un marido bastante solidario, buen padre y un laudero dedicado; lo cual contrasta aún más el carácter errático y visceral de su protagonista. Anna Bronsky es todo menos un personaje simple, además de ser madre, esposa, hija y hasta amante, es una ex concertista cuya inseguridad provocó el tambaleo de su mano, de su carrera y de su propia valía personal volviendo este defecto una conjugación patológica que se evidencia especialmente dentro de sus relaciones, buscando subsanar a través de ellas la profunda huella de rechazo y vacío emocional que le carcomen viva.

Resulta lógico para muchos traer de la memoria a La Pianista (Alemania-Austria-Francia, 2001) por múltiples aspectos que claramente han sido influenciados o en su defecto hacen un homenaje a la cinta de Michael Haneke —en lo que respecta a factores de carácter, elementos simbólicos o circunstanciales como el hockey sobre hielo, rememoraciones de escenas de insensibilidad ante la desgracia ajena y la profesora viendo constantemente hacia afuera desde una ventana— aunque lo que destaca a La Audición es su capacidad analítica de ahondar en las consecuencias a mediano, corto y largo plazo que las relaciones dentro del núcleo familiar  tienen en las vidas de sus personajes, así como el impacto de las creencias heredadas sobre la autoexigencia.

“Anna Bronsky es todo menos un personaje simple, además de ser madre, esposa, hija y hasta amante, es una ex concertista cuya inseguridad provocó el tambaleo de su mano”.

Algunos podrán decir que la infancia es destino. Esta afirmación, aunque debatible y también afortunadamente reversible, se convierte, desafortunadamente para cada uno de los personajes que integran esta narrativa, en una premisa perpetua que actúa como punta de flecha tanto en sus acciones como en sus vidas. El constante resituar del contexto, así como la manera escalonada en que se devela tanto la profundidad psíquica de sus personajes como el origen de sus comportamientos, nos ayuda a comprender rápidamente la dirección que toman sus reacciones siempre inesperadas, mientras nuestra protagonista se desfasa progresivamente de sus propios límites rayando en la locura que, si bien no es definitiva, es absolutamente desconcertante.

La Audición es el segundo filme de la también actriz y guionista Ina Weisse, con el que consolida su carrera como directora y le coloca además como una creadora redonda y digna de especial atención. La película fue nominada en 2019 al Caballo de Bronce a Mejor Película en el Festival de Cine de Estocolmo, Suecia y forma parte de la Muestra 68 internacional de cine en salas de Cineteca Nacional a partir de jueves 19 de noviembre.

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