Columnas

Las escenas del 2020

Por Axl Flores

Siempre hay algo de pose en las listas que enumeran «lo mejor del año», ya sea en la vida o en el cine. En este último caso, la idea de un recuento que defina el gusto o la posición de una persona en cuanto al cine, es en las más de ocasiones una ilusión que se transforma en un ejercicio producto del marketing, solo basta con comparar las coincidencias entre las listas de sitios especializados y la de Obama, en donde igual podría aparecer una película como Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, 2019) —con un discurso anticolonialista y anticapitalista—, que la cinta mejor posicionada en la carrera por el Oscar. Y, sin embargo, nadie puede decir que no transmitan una idea del cine.

En lo particular me gusta hacer listas. Aún cuando escribir sobre cine no me pasaba por la cabeza las hacía, y es que, con toda su arbitrariedad, tratar de elegir «las mejores películas» vistas en un lapso siempre trae buenos recuerdos que, desafortunadamente, no puede ser tomados en cuenta dentro del hermetismo de un conteo.

En ese sentido, este ejercicio, más que a una «idea del cine» (que traté definir en mi lista publicada aquí mismo hace casi un mes), responde a ese examen de recuerdos, ciertos momentos que se quedan de una película durante varios días, una suerte de collage en el que conviven aquellas escenas a las que regresé una y otra vez, ya sean momentos emotivos o incluso, algo prácticamente negado en este año: las fiestas. Para ello, solo tomé como referencia películas cuyo año de estreno fue 2020, porque de no hacerlo, se convertiría en una labor interminable.

Momentos

Los paseos de Undine (Paula Beer) y Christoph (Franz Rogowski) en Undine (2020) de Christian Petzold, mientras suenan fragmentos del Concierto en D menor de Bach.

Undine de Christian Petzold es en cierta forma la historia de un romance fallido. También la transposición de un mito a la actualidad. Pero si en sus realizaciones anteriores Petzold había optado por un proceso de extrañamiento, en Undine todo se narra de una manera casi convencional —en varias ocasiones ese leitmotiv de la pieza de Bach llega a ser muy ilustrativo—, que parece esconder muchas cosas detrás de esa capa. Justamente, como lo hacen esos edificios construidos en el siglo XX con la apariencia de una construcción del XVIII y que solo parecen decir: «la forma sigue a la función».

Lee Kang-sheng mira la lluvia por la ventana en Days (2020) de Tsai Ming-liang.

En 2020 una de las filmografías que más me apasionó fue, precisamente, la de este cineasta asiático, a quien FICUNAM dedicará una retrospectiva en su edición más reciente a celebrarse en marzo de este año. Para todas esas voces que critican o ven a la repetición como algo a evitar, está el cine de Tsai para demostrar cómo un proyecto (así veo a su filmografía) puede explorar las mismas temáticas y la misma estética solo para tener tonos cada vez más profundos.

En su escena inicial, solo el estruendoso ruido de la lluvia y la pasividad de su personaje principal sirven para dar cuenta de todo un mermado estado interior. En Days, incluso con —y tal vez por— la ausencia de diálogos, se encuentra al cine mismo.

Borat (Sacha Baron Cohen) confirma que el holocausto fue real en Borat Subsequent Moviefilm (2020) de Jason Wolliner.

Mucho se ha dicho sobre la ausencia de lo cinematográfico en las películas de este icónico personaje ideado por Sacha Baron Cohen, pero aún con esa falta, Borat Subsequent Moviefilm me parece una de las mejores películas estadounidenses que se estrenaron el año pasado.

En una pelea con su hija Tutar, a quien quiere someter a una operación de busto, Borat se entera de que en varios grupos de Facebook se ha llegado a la conclusión de que el holocausto no existió, como gran parte de su idiosincrasia antisemitista recae en la existencia de ese hecho, Borat entra en depresión y por eso decide acudir a un templo judío para ser aniquilado en el lugar. Ahí conoce a dos mujeres mayores que, a pesar de la extraña y ofensiva vestimenta que porta el protagonista, le brindan cariño y dan cuenta de haber vivido el holocausto en carne propia.

En medio de un año lleno de posverdad e infodemia y en el que las redes sociales se han convertido en microinfiernos, cada uno con su condena particular, pocas cosas mejores que voltear a ver las historias que se cuentan en primera persona.

El teléfono del viento en Voices in the wind (2020) de Nobuhiro Suwa.

Siempre es interesante el punto de vista desde el que se decide abordar una catástrofe colectiva, poniendo atención, regularmente, al hecho en sí y no a las cicatrices que deja. En Voices in the wind, Nobuhiro Suwa hace completamente lo contrario; en el viaje que hace Haru (Serena Motola) desde Hiroshima hasta Otsuchi, se da muestra de las heridas abiertas que dejaron desastres como la explosión de la bomba atómica, el terremoto y el tsunami de 2011, y el accidente nuclear de Fukushima.

En un momento, la protagonista llega a los famosos teléfonos del viento, colocados en 2011 para que, quienes perdieron a familiares en el tsunami pudieran comunicarse con ellos, de ahí la importancia del nombre de la película. Si un cineasta como Werner Herzog usó a dichos teléfonos como una metáfora fácil en Family Romance LLC (2019), Suwa los usa como una forma de sanación propia. Cada palabra entrecortada de Haru a cada uno de sus familiares es desoladora, pero solemne: «tengo que vivir para recordarlos».  

Fiestas

La sal de las lágrimas (Le sel des larmes, 2020) de Philippe Garrel

No se sabe en qué época se ubica exactamente la película, pero por las calles de La sal de las lágrimas pasean personas con celular. Dos parejas entran en un bar. Ya adentro, bailan con la libertad de una canción moderna, pero la iluminación que usa Garrel en esa escena remite hacia un cine antiguo, incluso, por momentos la música que suena parece no corresponder con los movimientos. Como ya se ha dicho de sus películas recientes, La sal de las lágrimas pertenece a ese París retratado por la Nueva Ola Francesa en los 50´s y 60´s, pero eso no habla de un cineasta ajeno a su presente, sino todo lo contrario.

La patanería e indecisión de Luc (Logann Antuofermo), el protagonista, casi similar a la de algunos personajes masculinos de Rohmer (especialmente en La Coleccionista y Cuento de Verano) responde a un modelo de conquistador arcaico y que en la actualidad podría hacer pasar a Garrel como un cineasta conservador o misógino, pero la segunda parte de la película deja varias conclusiones contrarias a esas suposiciones.

Small Axe Lovers Rock (2020) de Steve McQueen

Al principio de Lovers Rock, la segunda película de Small Axe antología de Steve McQueen, se presenta la preparación de una fiesta. Después se sabrá que es la celebración del cumpleaños de Cynthia (Ellis George), pero de eso importa poco, porque lo que en realidad resalta de este pequeño film del director de Shame (2011) y Viudas (2018) son los aromas y texturas que la imagen logra transmitir de esa fiesta. También, claro está, la historia de amor de Martha (Amarah-Jae St. Aubyn) y Franklyn (Micheal Ward).

Con una cámara que parece flotar entre los invitados, McQueen logra hacer sentir al espectador como si fuera parte de ese festejo. Todavía quedan muchas cosas que decir sobre las secuencias en las que suena Silly Games de Janet Kay y Kunta Kinte de The Revolutionaries.

Fotogramas

Never Rarely Sometimes Always (2020) de Eliza Hittman.

Toda la luz que podemos ver (2020) de Pablo Escoto.

Isabella (2020) de Matías Piñeiro.

La mujer que corrió (2020) de Hong Sang-soo.

La metamorfosis de los pájaros (2020) de Catarina Vasconcelos.

La France contre les robots (2020) de Jean Marie Straub.

Finales

El año del descubrimiento (2020) de Luis López Carrasco.

Después de poco más de tres horas de escuchar a jóvenes, adultos y personas mayores hablar sobre sus experiencias en la crisis de 1992 y 2008 en España, hay un momento rumbo al final de El año del descubrimiento que define el sentimiento de cualquier ciudadano afectado por una recesión o los llamados recortes presupuestales, un hombre lo describe como pegar pero muy débil, sentir que se tiene la fuerza, pero no poder defenderse.

A través de múltiples entrevistas a habitantes de Murcia, López Carrasco construye una película casi inabarcable, pero con claras intenciones políticas al discutir temas como la precariedad laboral, la explotación y el control que ejerce la Unión Europea en las decisiones políticas españolas.

Red Post on Escher Street (2020) de Sion Sono.

Como otras de las películas de Sono, Red Post on Escher Street puede parecer una película ridícula y realizada para todos aquellos siempre dispuestos a aplaudir a este genio japonés, pero su final da una gran reflexión y motivación para todos aquellos que vean al cine como un medio para la liberación. Si hay una industria dispuesta a controlar hasta el más mínimo aspecto de un filme, siempre será necesario alguien que subvierta sus fórmulas, aún cuando eso implique una lucha contra la censura.  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: