Crítica

Crítica: First Cow de Kelly Reichardt

«First Cow» de Kelly Reichardt cuenta la historia de una amistad que, en un ambiente hostil, prioriza valores como el afecto, el cariño y la ayuda mutua, sobre la violencia y el aprovechamiento del otro. La película está disponible en MUBI desde el 9 de julio.

Bísquets de leche, miel y cariño

Por Pablo Rodrigo Ordoñez Bautista

¿Cómo plasmar un sabor o un aroma en una película? ¿Cómo diseñar con precisión un complejo universo histórico y hacerlo comulgar coherentemente con tus personajes? ¿Cómo representar la ternura y la amistad? ¿Basta que las palabras enuncien lo abstracto para materializar en la imagen lo complejo e inefable? Muchas veces no, en ocasiones puede resultar en una grandilocuencia que estorba, una parafernalia que evidencia pereza o torpeza. Se necesita una sensibilidad despierta, una  curiosidad inagotable, una planicie fértil en la mente para realizar una película que apele a tal  honestidad que coquetee con un sinfín de temas y dinámicas sin  quedarse corta, sin volverse superflua ni superficial y esto es lo que logra First Cow (2019) de Kelly Reichardt, un filme cuya «sencilla» historia resulta en una oda a la  amistad, la ternura y a una masculinidad cálida, abierta bajo el velo de una naturaleza siempre  viva, palpitante y en movimiento.

La película es brillante por múltiples razones. Por una parte, plantea un contexto en donde convergen un sinfín de etnias y nacionalidades propias del momento histórico que vivía Estados Unidos a principios del siglo XIX, un entorno hostil donde resalta una figura masculina despreciable, aprovechada o violenta; características que representan los cimientos ideológicos sobre los que se constituiría el futuro capitalista de dicho país y que Reichardt desarrolla con inteligencia. Este juego de elementos es fundamental para resaltar la humanidad de Otis Cookie Figowitz (John Magaro) y la templanza de King-Lu (Orion Lee); quienes, dentro de la difícil vida en Oregón, se encuentran de manera fortuita y emprenden un acompañamiento que nace del agrado, continúa en el goce y se extiende hasta el beneficio, logrando una compañía entrañable mientras muestran sus vulnerabilidades.

Fotograma de la película "First Cow" de Kelly Reichardt.

Eventualmente, su suerte comienza a cambiar a raíz de un evento casi mágico, ante la llegada de una vaca a la región, los dos nuevos amigos planean robar su leche para fabricar bísquets y venderlos para solventar su sobrevivencia.  Ante la mirada de la luna y los búhos, la trama va creciendo en tensión hasta que el robo llega a ser descubierto y los dos amigos sufran las consecuencias.

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El idilio y la ternura de First Cow se construye mediante una imagen contemplativa, el lenguaje fluye sobrio sobre las manos de Cookie, ya sea mientras busca hongos en el bosque o cuando salva a una salamandra panza arriba. La  quietud es la ley de la cámara, una quietud que logra otorgarle belleza a todo, a las hojas y los  helechos; a los rostros adustos; a los perros hambrientos y curiosos; a la naturaleza mortífera de los ojos de un par de lobos durante una maravillosa secuencia casi onírica; pero, sobre todo, a la belleza del pelaje marrón y los amorosos ojos de la vaca que propicia la nueva  suerte de Cookie y King-Lu, quienes, por un breve instante de armonía, brindan gestos de cariño y calidez a múltiples hombres cuyas maneras brutales ceden ante la materna cualidad de los bísquets de leche. 

Esta belleza también es posible por el cuidado en la manufactura de sus espacios, por el diseño inmersivo y sutil de su sonido que prepondera la tierra y las texturas sonoras del agua, las cortezas y los grillos. La sutileza también existe en su score que remite a geografías y emociones específicas, su aparición es siempre puntual y la evocación emocional a la que apelan siempre es potente, ya sea en su ternura o en su nostalgia. 

Fotograma de la película "First Cow" de Kelly Reichardt.

«Se habla mucho de las posibilidades de América, de su gigantesco e inhóspito territorio y las oportunidades inherentes a su virginidad. No obstante, lo vital y más valioso es cómo estos elementos coexisten con la belleza retratada en ternuras aisladas como la de la naturaleza, los lazos de afecto, cuidado y amistad que construyen Cookie y King».

First Cow está repleta de eventos que pueden suscitar múltiples lecturas y reflexiones, llama la atención cómo se entreteje la dinámica social y convergen los distintos grupos al ejercer una economía primordial. Se habla mucho de las posibilidades de América, de su gigantesco e inhóspito territorio y las oportunidades inherentes a su virginidad. No obstante, lo vital y más valioso es cómo estos elementos coexisten con la belleza retratada en ternuras aisladas como la de la naturaleza, los lazos de afecto, cuidado y amistad que construyen Cookie y King, dos hombres atípicos que tienen la dicha de encontrarse y cuyo lazo sobrevive a pesar de su demoledor fin.

Finalmente, aunque la película podría condenar la cualidad honorable de  estos hombres y preponderar la hostilidad del mundo como un hecho definitivo que vencerá  siempre a la bondad, la decencia y el amor, Reichardt conecta la imagen final de la película con la secuencia inicial y el espectador recuerda cómo una curiosa y sensible chica descubre junto a su perro la tierna amistad de Cookie y King impresa en unos huesos que reposan tranquilamente entre la tierra, bajo la vigilia de un árbol ancestral ornamentado de aves, como evidencia de lo que realmente importa.

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