Series y TV

Seinfeld | El arte de reírse de uno mismo

Reseña de la serie «Seinfeld» | Desde el 1° de octubre se pueden encontrar en la plataforma Netflix todos los capítulos de la serie clásica creada por Jerry Seinfeld que, aún después de 30 años de su estreno, sigue manteniéndose vigente.

Por César Mariano

No es una novedad decir que, en los últimos años, la comedia televisiva ha dejado de ser un simple divertimento humorístico y evasivo para, cada vez más, convertirse en una exploración profunda de las complejidades que atraviesan sus personajes: sus sueños, anhelos y ambiciones, pero también sus fracasos y miedos; en fin, aquello que los hace humanos. Desde Fleabag (2016-2019) hasta Barry (2018-presente), pasando por Modern Family (2009-2020), Community (2009-2015) o Atlanta (2016-presente) todas ellas han buscado, de una u otra forma, darle un vuelco al género, ya no se trata simplemente de generar una risa en el espectador, sino presentar un mundo en el que, pese a las dificultades y carencias, uno pueda sentirse reflejado.

Pero ¿qué pasa si en algún momento ese reflejo no nos agrada? O, peor aún, nos define tan bien que es absurdo. Porque si hay algo que este tipo de narrativas han tratado de hacer es reconciliarse con ese mundo contradictorio de las emociones. Tenemos ahí a un Michael Scott de The Office (2005-2013) o a Leslie Knope de Parks and recreation (2009-2015), quienes, pese a sus excentridades y egoísmos, siempre encuentran una forma de enmendar sus errores, ser tiernos, sensibles, próximos a los demás. Y como espectadores nos conmueven esas resoluciones.

Fotograma de la serie "Seinfeld", en Netflix desde el 1° de octubre.

Sin embargo, tanto en la realidad como en la ficción, las cosas no siempre son así, por ello la importancia de una serie como Seinfeld (1989-1998), donde seguimos el día a día de Jerry (quien se interpreta a sí mismo y con su apellido da nombre al programa), George (alter ego híperneurótico de Larry David, cocreador junto con Seinfeld de la serie y que es interpretado magistralmente por Jason Alexander), Elaine (una sensible y carismática Julia Louis-Dreyfus) y Kramer (Michael Richards en un papel que lo elevaría a la estancia de ícono), cuatro treintañeros inadaptados, extravagantes y particulares que viven en una Nueva York mitad simulacro, mitad caos surrealista, absorbidos por las grandes banalidades del mundo.

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Por mucho tiempo se dijo que Seinfeld era una serie sobre nada[1], pero en realidad esa aparente nulidad de hechos —o más bien de una evolución en el arco de sus personajes— que se le atribuyó en un primer momento, no es más que el espejo de un quehacer diario despojado de afecto o idealización, preocupado más bien en las nimiedades de la vida, esas cosas que nos importan y a las que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo pero que, esencialmente, son insignificantes[2], por lo cual buscamos negarlas y, en consecuencia, las percibimos como inapropiadas o inmorales, revelándonos así como seres maníacos, ególatras, cínicos, incongruentes y, la mayor parte del tiempo, sobrados de sí mismos. Ese es otro aspecto revelador de la serie, Seinfeld y compañía no tienen mayor interés y preocupación más allá de sus propios problemas y para resolverlos se valen de cualquier artimaña que esté al alcance de su mano[3].

Es ese ánimo de retratar la parte más hosca y negligente de la interacción humana lo que ha hecho a Seinfeld tan contemporánea (a pesar de haber pasado un poco más de 30 años desde su estreno), pero ello también ha implicado un juego doble, mientras que por una parte puede ser un reflejo cómico y, hasta cierto punto, reconfortante —nunca estamos tan solos en nuestros pensamientos más mezquinos—, por otra puede ser visto como un tipo de narrativa vacía y despiadada que se complace en la frialdad, la superficialidad y el ego, una afirmación materialista y narcisista cuya única misión es validar comportamientos nocivos de una inconsciencia degradante. 

Fotograma de la serie "Seinfeld", que desde el 1° de octubre estrenó sus nueve temporadas en la plataforma Netflix.

«Seinfeld… compone un mosaico exuberante donde la estupidez, necedad y futilidad humana confluyen para decirnos que sí, nuestra naturaleza es decadente, sin rumbo y probablemente sin remedio o esperanza, pero, al menos, todavía podemos reírnos de ello».

Es ese aspecto lo que ha generado un debate en torno a la cancelación o corrección política que podría sufrir la serie, pero me parece que llegar a esta resolución puede ser un tanto ingenuo, porque si algo queda claro a lo largo de sus nueve temporadas es que el universo de Seinfeld es uno donde el progreso o el cambio no existen para sus protagonistas[4], pero no porque sean ignorantes o estén alienados, sino porque, a pesar de saber que su actuar es errado, no les importa, y esto se debe a la gran autoconsciencia que se desarrolla en el centro del show y que le permite ser una comedia con una honestidad posmoderna —a saber, irónica y despojada de sentimentalismo— que incluso por momentos se siente refrescante hoy día.

Finalmente, si hay una razón por la cual vale la pena ver Seinfeld es porque compone un mosaico exuberante donde la estupidez, necedad y futilidad humana confluyen para decirnos que sí, nuestra naturaleza es decadente, sin rumbo y probablemente sin remedio o esperanza, pero, al menos, todavía podemos reírnos de ello.

Seinfeld estrenó a nivel mundial sus 180 capítulos este 1º de octubre en Netflix.    


[1] Existe incluso en la temporada 4 toda una subtrama en la que Jerry y George le venden a la NBC un piloto televisivo con ese mismo argumento. En este punto la serie empezaría un desdoblamiento autoparódico y metaficcional que sería importante para su futuro y legado.

[2] Por ejemplo, en The Big Salad (episodio 2, temporada 6), George se obsesiona durante todo el capítulo porque su novia de ese momento, Julie, recibe en su lugar la gratitud de Elaine por una ensalada que «él pagó», lo que, por supuesto, no le parece justo.O en The Phone Message (episodio 4, temporada 2) donde Jerry pierde total interés en Donna, su cita, por un simple comercial de Dockers que a él le desagrada y a ella le gusta. A lo largo de la serie este tipo de actitudes se van haciendo cada vez más reincidentes, revelando las neurosis que no solo los protagonistas, sino también quienes los rodean, sufren por una cantidad inimaginable de minucias que, como espectadores, encontramos grotescas y, por tanto, hilarantes.

[3] Tal como hace Kramer, el más insólito de los cuatro, en The Postponement (episodio 2, temporada 7), cuando decide demandar a una compañía cafetera después de que se quemara con su café por estar «muy caliente», a pesar de haber sido él mismo el culpable del incidente. Increíblemente, la demanda procede, pero los resultados no son los esperados.

[4] Elaine —quien, a pesar de todo, se constituye la más inteligente y ávida del grupo— es la que quizá más se acerca a ello cuando en The Bizarro Jerry (episodio 3, temporada 8), harta de la simpleza de los demás empieza a pasar más tiempo con nuevos amigos, quienes resultan ser todo lo contrario a Jerry, George y Kramer: amables, educados, letrados, sencillos, honestos. Pero, muy pronto, descubre que ella no pertenece —ni lo hará jamás— a ese mundo.  

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