Crítica

Crítica: Comala de Gian Cassini

Crítica de «Comala» | La ópera prima del cineasta Gian Cassini presenta en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara una historia familiar marcada por el crimen y la realidad del país.

Buscar al padre

Por Karina Solórzano

En Comala (2021), el director Gian Cassini va de Monterrey a Tijuana pasando por Culiacán y Texas para «conocer» a su padre. El itinerario de viaje sigue los destinos de los diferentes familiares que conforman la película: en San Antonio, el abuelo cubano que participó en la revolución le habla de su pasado y de su cambio de identidad como si se tratase de un personaje de una película de acción. En Tijuana, su media hermana recuerda momentos en común de la infancia. En Monterrey, está el hogar al que siempre retorna y desde donde habla su madre. Ella ilumina la película como si resolviera las pistas que él, a través de imágenes, desentierra.

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Porque la estructura del road trip se cruza con la del cine de detectives, Gian construye la historia familiar de los Cassini mientras lo vemos en su escritorio con notas de periódico, dibujos y fotografías; él es el investigador de su propia historia. Cassini se muestra a sí mismo como director y protagonista de su documental en un gesto que me recuerda al de Nicolás Prividera en M (2007), donde va tras las pistas de su madre desaparecida durante la dictadura argentina. Otro rasgo en común es la interrogación hacia el padre, figuras determinantes para ambos directores que parecen construir, por oposición, su propia postura. El padre de Cassini es un personaje ausente que la madre, abuela e hijos evocan, cada uno contribuye a construir una imagen más compleja de él.

Fotograma de la película "Comala" de Gian Cassini.

«Comala pone en evidencia ese conflicto, el director parece estar consciente de la poca fiabilidad de las imágenes y al mismo tiempo de su poder premonitorio… Hay imágenes que parecen devolvernos la mirada. En la búsqueda del padre siempre está el temor de encontrarnos frente a un espejo».

Lo mismo sucede con la forma del documental, aunque la voz en off del director guía el camino, las demás tensan la relación entre el material de archivo y el presente; sucede algo parecido con el trabajo de montaje: una imagen filmada en el pasado adquiere nuevos significados vista en el presente. Comala pone en evidencia ese conflicto, el director parece estar consciente de la poca fiabilidad de las imágenes y al mismo tiempo de su poder premonitorio: en una fotografía de infancia, su padre y su tío sostienen unas pistolas de juguete, es el vaticinio de su futuro, fatal para el padre. Hay imágenes que parecen devolvernos la mirada. En la búsqueda del padre siempre está el temor de encontrarnos frente a un espejo.

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