Entrevistas

«Intento que el cine sea complejo a la altura misma de la vida» | Entrevista a Camilo Restrepo

Entrevista a Camilo Restrepo, director de «Los conductos» | Platicamos con el realizador de cortometrajes como «La impresión de una guerra» con motivo del estreno de su ópera prima en salas del país desde el 5 de noviembre.

Por Axl Flores

Los conductos (2020), ópera prima de Camilo Restrepo, es una película que se mueve con una libertad singular, aunque está basada en una historia real sucedida a Pinky, su protagonista, cuando cayó en las manos de una secta que usaba la religión para manipularlo, ese no parece ser el centro total de su atención y es que la cinta parece acumular situaciones que más que hablar sobre un hecho en concreto, lo hacen sobre un estado de ánimo o una postura ante la vida.

Pinky es un joven que deambula de un lado a otro sin encontrar su lugar en el mundo, él es uno de esos olvidados por la sociedad que tienen que ganarse la vida con trabajos precarios o entre las calles, no es hasta que encuentra a Desquite, un joven similar a él, cuando parece reflexionar sobre su situación: «si no tengo nada es porque no necesito nada», expresa uno de ellos. Al final, Pinky, como ese Desquite inspirado en el bandido colombiano de los 40 y 50 y por la Elegía a Desquite de Gonzalo Arango, es más parecido a un poeta incomprendido que a un delincuente.

Con motivo del estreno de Los conductos desde el 5 de noviembre en México, tuve la oportunidad de charlar con Camilo Restrepo sobre la particular construcción de la película y la influencia de las palabras de Gonzalo Arango que aparecen en los créditos finales, principalmente sobre la pregunta que deja en el aire: «¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?».

Fotogenia: Debe ser algo raro, pero mi primera pregunta es respecto al final de tu película, en tu filmografía siempre ha estado muy marcado el uso del material de archivo, y me parece que esta cita a la Elegía a Desquite de Gonzalo Arango al final de Los conductos funciona como eso. ¿Cómo lograste conjuntar esta historia de Desquite que está presente el texto de Arango y la historia que viene inspirada en una historia real que vivió Pinky?

Camilo Restrepo: Me parece súper interesante lo que acabas de decir, el archivo no solamente como lo que uno imagina una recopilación de imágenes ya hechas o de fotografías, pero también como una recopilación de textos. Entonces, sí es un archivo, es un archivo poético. Un archivo poético y también político, porque la palabra de Gonzalo Arango es algo que todavía es muy actual en Colombia. Una pregunta con la que termina la película es «¿por qué Colombia no es capaz de darle un lugar digno de vivir a sus hijos?» Y si Colombia no llega a hacer ese cambio, a darle ese lugar a sus colombianos, a sus ciudadanos, entonces hay un vaticinio, un día volverá Desquite, quien era un bandido de los años 40 a quien Gonzalo Arango hace esta elegía, y volverá cruelmente a regar sangre por todas partes.

Entonces viendo el contexto en el que vivía el personaje de la película, un contexto de una persona que está completamente marginada por la sociedad y terminó en las garras de una secta religiosa que lo manipuló y luego de ahí intentó liberarse y quedó con la sensación de que tenía que desquitarse, tenía que vengarse, vengarse de haber sido manipulado. Y finalmente es una venganza un poco complicada, porque no es solamente vengarse de quien lo ha manipulado, sino también de alguna manera vengarse de esa suciedad que lo envió a las garras de ese amor fácil que le proponía la religión o la religión transmitida por estos manipuladores. Entonces, para mí el vínculo estaba establecido entre estos dos personajes que no conocen muy bien los límites entre la verdad y la mentira, o sobre todo los límites entre lo que es bueno y es malo. Porque cuando Pinky entró en la secta religiosa entró con la idea de que allí iba a encontrar la fe y que con su fe iba a hacer algo bueno, pero terminó dándose cuenta que había sido manipulado en una secta que buscaba la delincuencia, que lo había adiestrado en el manejo de armas, que finalmente lo había hecho ser algo malo, él que buscaba ser algo bueno.

Fotograma de la película Los conductos de Camilo Restrepo.

Y este Desquite era un campesino en los años 40 en Colombia, que vivía en un contexto muy violento. Se llamaba el período de La violencia, en donde había una lucha entre los partidos políticos mayores de Colombia, y en el campo esta lucha era la más fuerte, se manifestaba de manera más salvaje. Se mataban a unos y a otros porque pertenecían a un partido o al otro. La familia de Desquite fue asesinada cuando él tenía 13 años, él entonces quedó huérfano y quedó con la idea de que algún día se iba desquitar, iba a tomar venganza de esa injusticia que se le había cometido. Y allí, intentando desquitarse verdaderamente de un acto que era injusto, bárbaro, terminó él también dentro de la barbarie, volviéndose un bárbaro entre los bárbaros. Entonces es esta cuestión de dónde están los límites de la verdad, de la mentira, de la justicia y de la injusticia, digamos que eso es lo que se pregunta Arango en su en su texto. Eso es lo que yo me pregunto también viendo a Pinky.

F: Por ejemplo, en Los Conductos solo hay dos realidades disponibles para las personas, digamos que es la vida de que tiene Pinky o ser un militar, es como que el sistema está ahí y no da muchas opciones.

CR: Mira qué interesante, yo nunca lo había pensado así jamás y me parece que tienes razón. Realmente hay una escena con militares, pero que no están haciendo ningún ejercicio militar y están haciendo un ejercicio lúdico, que es el de hacer música en un ejercicio más de exhibir el poder que de ejercerlo. Es extraño porque yo esa banda militar la escogí de una manera muy intuitiva, pensando de alguna manera que, como Pinky, los militares eran conducidos a ejecutar algún acto que de alguna manera no decidían ellos mismos desde su propia opinión o desde su propio deseo. Realmente, muchas veces yo funciono de una manera muy intuitiva. Ni siquiera sabía por qué puse a estos jóvenes militares. Y ahora es verdad que me dices que tiene una resonancia más con el poema de Gonzalo Arango en el que es o enrolado dentro de la ley o fuera de la ley.

No lo había entendido así, pero me gustaría también añadir algo más de la película, y es que dentro de esos dos órdenes que yo no había visto, dentro de esas dos disciplinas hay una gran indisciplina dentro de la película y es esa especie de consumo exagerado de drogas que lleva al personaje fuera de la disciplina y fuera de sí mismo a ser como una especie de electrón libre que destruye las cosas y se destruye a sí mismo y sobre todo destruye toda la idea de realidad.

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Uno al final de la película no sabe muy bien quién es Pinky y finalmente pasa de un personaje a otro, interpreta una persona en los primeros minutos que uno imagina que es él, es un joven interpretando a un joven y luego después se habla de unos payasos, después se habla de un joven que está con un diablo cojuelo y luego se habla de otro personaje que es Desquite y digamos que de personaje en personaje, este joven que es Pinky, pasa como de un alter ego a otro, se va transformando y va transformando su realidad en una especie no de psicología, sino de psicodelia. Entonces, lo interesante de esta película es esto, que no entra dentro de la psicología del personaje como le gusta muchísimo a los cineastas, sobre todo realistas latinoamericanos. Entra dentro de la psicodelia del personaje, en la que ya no se distingue muy bien ni en qué época vive, ni qué realidad vive, ni si se está sobrio o está ebrio, si está bajo el influjo de las drogas o bajo el influjo de la palabra de un guía.

F: De hecho eso me llama la atención, porque en algún momento escuché que explicaste que esta frase que aparece en la película «en el fondo existe quizás un magma en el que todo pierde su forma para regenerarse» explicaba tu proceso creativo y en la construcción de la película es evidente. Porque como dices, no hay una presentación como tal del personaje, no hay una profundización, sino que son ideas que van surgiendo y que de repente se conjuntan entre ellas.

CR: Ah, sí, a mí me parece que esa es mi manera de trabajar, es decir, en Los conductos yo no pasé en todo caso por lo que sería una escritura de un guion y un escenario, de una historia. Realmente la historia no me interesaba muchísimo, a mí no me interesaba contarle a la gente qué fue lo que vivió Pinky, qué fue lo de la secta, cuáles son las conclusiones de ese abismo de vivir en los márgenes de la sociedad. Lo que me interesaba era entrar dentro de la cabeza misma de Pinky y una vez dentro de la cabeza de Pinky, obligarlo a él como persona a interpretar su propio rol y obligarlo a él a ser otra persona diferente de la que él era. Porque cuando hicimos el rodaje, Pinky estaba sumido en la drogadicción, estaba en la indigencia total, viviendo en las calles, y yo quería que la película no fuera un acto de rememoración de lo que había ocurrido, sino más bien de salvación. Vamos hacia la luz, Pinky, ya no vale la pena vivir tanto en esta oscuridad. Y de alguna manera la película hace eso. Es una película oscura al principio y después llena de luz.

Fotograma de la película Los conductos de Camilo Restrepo.

Al final, en todo caso Pinky se convierte en una persona que está llena de luz y de posibilidades más allá de lo que ha pasado. Esa transformación de la que hablas, del magma, tuvo que ir hasta lo más bajo del infierno para ser otro Pinky. Y creo que eso es lo que le pasa a él también. Entonces yo entiendo ese poema que escribí de una manera bastante intuitiva, de hecho, es un poema que yo escribí y que quise integrar dentro de la película pensando en Pinky, y él mismo pensaba que lo que yo quería en esa película era una transformación, que las cosas no fueran lo que son, que no sean el recuerdo de lo que han sido, que sean otra cosa más. Y para ser otra cosa más hay que entrar dentro de procesos de destrucción del argumento mismo de la película y dentro de la historia, la película era destruir la historia de Pinky y construir una historia que no existía. Entonces no valía la pena entrar dentro de la narrativa convencional, no valía la pena entrar dentro del voy a contar lo que pasó. Había que entrar directo en la cabeza y actuar desde la cabeza misma.

F: De hecho es muy interesante lo que me comentas, porque en esto de entrar en la cabeza finalmente sigue resonando el poema de Arango, en él está la visión de Desquite como un poeta, o sea que pudo haber sido un poeta y en Los conductos está presente lo del arte urbano y el arte callejero, e incluso la poesía hay momentos en los que parece como un slam de poesía, donde  alguien se sube y sin tener una preparación poética empieza a decir versos, versos que le suenan desde su propia subjetividad.

CR: Me parece bastante interesante cómo haces ese enlace con lo del slam, porque me parece que lo del slam es también una poesía bastante improvisada, una poesía que se hace frente a un público en un momento de entusiasmo. Entonces quisiera crear un enlace entre lo que sería la improvisación y esta idea de entrar dentro del cerebro, cómo se entra dentro de un cerebro de manera poética. Y en eso recuerdo un ejercicio bastante clásico de los surrealistas que se llamaba la asociación libre de ideas o sacar ideas y comenzar simplemente a enunciar las cosas, la idea de que uno puede entrar a lo más profundo de su propio ser, como lo decía el psicoanálisis, enunciando las ideas más disparatadas y que entre ellas van a crear asociaciones que tal vez tienen algún sentido. Es completamente diferente de lo que sería la creación de un guion clásico de cine y así fue que entramos más o menos en la creación de Los conductos, con una lista de cosas para hacer.

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De alguna manera yo estaba también con una lista de cosas que no sabía muy bien cómo se juntaban las unas con las unas con las otras, pero que me parecía que así podía entrar yo dentro de mi propio pensamiento y dentro del pensamiento de Pinky, sin tener que ser yo el analista de Pinky, sin tener que ser el crítico de la sociedad colombiana, sin tener que ser yo el storyteller de una serie televisiva. Simplemente me pregunté cómo invento yo un cine que enuncia desde lo poético algo que puede estar dentro de la cabeza de un individuo y entrando en lo profundo de su cabeza. Meterse como dentro del cráneo de una sociedad. No sé cómo salir de allí, ¿no ves?, realmente vivo como en una especie de asociación libre, diciendo barbaridades en exceso.

Fotograma de la película Los conductos de Camilo Restrepo.

«Yo quería que la película no fuera un acto de rememoración de lo que había ocurrido, sino más bien de salvación. Vamos hacia la luz, Pinky, ya no vale la pena vivir tanto en esta oscuridad. Y de alguna manera la película hace eso. Es una película oscura al principio y después llena de luz».

F: Es muy claro cómo eso se transmitió a la película y está la separación política del realismo, sobre como todo lo político está en la misma vida de Pinky, en su corporalidad y en las situaciones que se presentan a lo largo del filme más allá de un entendimiento de la realidad.

CR:  Me gustaría reanudar un poco esta idea de por qué tomo este método, que es un método un poco atravesado, como diría mi padre. Atravesado en el sentido de que no sigue el camino que ha sido trazado normalmente, las películas no se hacen así, me diría. Entonces este método de atravesado me parece que funciona, porque es un método contra la idea de que el realismo, o la idea que vehicula el realismo en las películas, intenta decir que las sociedades latinoamericanas, sobre todo las sociedades como la nuestra, sufren de un mal y que las películas pueden identificar ese mal, pueden darle una imagen a ese mal y presentarle la imagen de ese mal al espectador, para que luego pueda vivir una especie de catarsis y, tal vez, mejorar su actitud o lo que sea. Una idea bastante aristotélica de lo que sería el teatro, como la función del arte, como de la representación.

Yo no creo absolutamente en eso. Yo creo que que sociedades tan complejas como las nuestras no se resumen a un solo mal ni a un solo argumento, me parece que con una consciencia agudísima de lo que es el espacio y el tiempo, que no era la consciencia de nuestros antepasados, que sociedades como las nuestras no se resumen a una sola idea. No se trata de voy a hablar de la drogadicción, voy a hablar de la marginalidad, voy a hablar de la juventud, entonces intento que el cine sea complejo a la altura misma de la complejidad de la vida.


Los conductos de Camilo Restrepo, distribuida por Interior XII, se exhibe en salas de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey desde el 5 de noviembre.

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