Crítica

Crítica: El espejo y la ventana de Diego Gutiérrez

Crítica de «El espejo y la ventana» de Diego Gutiérrez | En la competencia Ahora México del FICUNAM 12 se presenta esta película en la que su director sigue los últimos días de dos seres queridos.

Vislumbrar el inhóspito paisaje de la muerte

Por Paulina Vázquez

«La humanidad no podrá reconstruir aquel paisaje a su propia imagen,

sólo podrá pulir el gélido espejo de su superficie».

Qué grande es la sensación de desolación que se siente cuando uno está parado ante el umbral de la muerte, no importa si es la propia o la de un ser querido, la incertidumbre prepara el camino a un dolor que nos recordará perpetuamente las presencias que fueron importantes. La muerte es una despedida inminente que espera por los cuerpos que sienten y recuerdan los pedazos de tiempo que conformaron sus vidas.

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En El Espejo y la ventana (2021) el documentalista Diego Gutiérrez acompaña a su madre Gina Coppe y a su mejor amigo Danniel Danniel en el último trayecto de sus vidas, a través de su cámara nos introduce en sus ambientes y permite la observación de su situación tan cercana como ajena, pues el transcurrir paulatino de las escenas dejan al aire el propósito de los personajes, quienes pidieron ser filmados para mostrarnos las reflexiones existenciales del director como testigo principal de la muerte.

Fotograma de la película «El espejo y la ventana» de Diego Gutiérrez.

¿Para quién se filma? Por un lado, el documental tiene dos directrices que se unen en la muerte. Las escenas sobre la vida de su madre dentro de su departamento en Santa Fe se sienten más como una compilación de su esencia para preservarla, son un retrato en video de la mujer que lleva consigo el peso de la memoria. Por el otro, los testimonios de su amigo, si bien son sinceros, se perciben como el desahogo que surge entre dos colegas que esperan mucho por verse.

El espejo y la ventana (México, 2021) plantea preguntas que en realidad nadie puede resolver con certeza ¿por qué estamos aquí?, ¿qué pasa cuando nos vamos?, ¿nos volveremos a ver? Es en ese planteamiento cuando la práctica documental adquiere sentido, pues al menos queda el registro audiovisual que justifica las preguntas. La película hace palpable, o al menos visible, las existencias que, aunque extintas, una vez reproducidas convierten a sus personajes en fantasmas con cuerpos físicos, cuerpos de luz, imagen y sonido.

Fotograma de la película «El espejo y la ventana» de Diego Gutiérrez.

«Entre témpanos de hielo que imposibilitan la permanencia de vida como la que conocemos en otros continentes, se presenta la frialdad de la muerte que imposibilita olvidar y que vuelve inmortal al amor».

Finalmente, comprendemos que esta búsqueda existencial, que llega hasta los confines inhóspitos de la Antártida, abraza al gran vacío que traen las postrimerías. Entre témpanos de hielo que imposibilitan la permanencia de vida como la que conocemos en otros continentes, se presenta la frialdad de la muerte que imposibilita olvidar y que vuelve inmortal al amor. 

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