Crítica

Crítica: The Batman de Matt Reeves

Crítica de «The Batman» de Matt Reeves | Esta nueva entrega protagonizada por Robert Pattinson trata de reformular el retrato que ha hecho el cine del justiciero de Ciudad Gótica.

Un comienzo suspendido

Por César Mariano

Concebida originalmente para ser la continuación en solitario de la historia del Batman interpretado por Ben Affleck, puesta en pausa debido a los conflictos personales y el posterior abandono del proyecto por parte del actor, quien además fungiría como director, The Batman (2022), película ahora coescrita y dirigida por Matt Reeves, parece configurada a partir de aquel fracaso. La cinta que Affleck quería llevar a la pantalla grande estaba indefectiblemente construida en torno a un universo compartido que iniciaría —y de alguna manera sepultaría— su camino en La Liga de la Justicia (Justice League, Zack Snyder, 2017). En palabras del propio Reeves, el guion de aquel relato era una aproximación al personaje al estilo de James Bond. Imaginamos entonces que la película hubiera sido un derroche de intriga y acción de un Batman ya experimentado, consolidado en su posición de superhéroe, pero en la nueva propuesta del director de Cloverfield (2008) sucede lo contrario. 

En The Batman nos encontramos con un joven Bruce Wayne —interpretado por el polémico, pero siempre efectivo Robert Pattinson— agobiado y desesperanzado respecto a su obra como vigilante nocturno que, en su segundo año en activo, no parece dar ningún fruto, o al menos no uno que marque la diferencia: el crimen, en vez de disminuir, ha aumentado y el ambiente general dentro de Gotham es el de un desasosiego interminable. La ciudad, como condenada, está todo el tiempo bajo el asedio de la lluvia y sus habitantes se mueven entre las sombras. La corrupción se expande como un cáncer que ha llegado hasta los poderes más altos y las acciones de Batman son más bien contraproducentes, su presencia inspira miedo y repulsión al mismo tiempo. Más que un héroe o salvador, el Batman de Pattinson es visto como un freak, un bicho raro de lento caminar que ya desde los primeros momentos percibimos como propenso al fallo y la vulnerabilidad. 

Fotograma de la película «The Batman» de Matt Reeves. Robert Pattinson el nuevo Batman.

Claramente Reeves trata de mostrar un nuevo enfoque sobre la figura del Hombre Murciélago, que se inspira tanto de películas como Seven: los siete pecados capitales (Seven, 1995) y Zodiaco (Zodiac, 2007) de David Fincher —principalmente por la construcción del tono y ambiente de thriller policiaco—, como de los cómics The Long Halloween y Batman: Ego, gracias al acercamiento a la psique perturbada del adinerado huérfano, asediado por el trauma de la muerte de sus padres y la búsqueda de una venganza que, eventualmente, deba convertirse en justicia. De alguna manera, es el relato de una búsqueda que surge del dolor personal y se expande en la aflicción colectiva.

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Con el esbozo de ese retrato The Batman introduce al Acertijo (en una actualización psicótica del personaje ejecutada por un brillante Paul Dano), símil y contrapunto del protagonista que, a su modo, también busca la liberación de Ciudad Gótica. Pero mientras los esfuerzos de Batman radican en un perturbado anhelo de salvación, aquel no cree que exista una posible redención para una sociedad podrida hasta lo profundo —de la que él es una consecuencia directa—, al contrario, confía en que la verdadera libertad solo puede ser concebida por medio de la destrucción. Así, hace que todos los responsables de consolidar ese mundo paguen con su vida, al tiempo que deja pistas para que Batman, junto al jefe de la policía Jim Gordon (Jeffrey Wright), su aliado en la lucha contra el crimen, «desenmascare la verdad» de la cual es, indudablemente, parte. 

Es ahí donde la película encuentra la gracia a la que aspira, pero también el que quizá sea su pecado más grande. Desde el diseño de producción que da vida propia a esa Gótica hundida en las tinieblas y evoca una atmósfera del cine de los 70’s por medio de la fotografía desaturada del prolífico Greg Fraser, hasta la acertada elección de cada uno de los miembros del elenco (con trabajos formidables de intérpretes como Colin Farrell, John Turturro y Zoë Kravitz), parece haber un ánimo contenido.

Fotograma de la película «The Batman» de Matt Reeves.

«En un principio, este acercamiento se sabe innovador, pero en cierto punto se siente tibio, los límites a los que Reeves pretende llevar al personaje no terminan por explorarse a profundidad. The Batman se detiene a medias en su deseo de romper la imagen que hasta ahora hemos visto del superhéroe».

Sin ser un relato de sus orígenes el Wayne de Pattinson sigue un viaje de descubrimiento —más cerca de la rebeldía adolescente que de la madurez adulta—, en donde la rabia y el dolor personal se traducen en una lucha ardua y por momentos inútil de la que no consigue sacar algún provecho (ni para él ni para el cambio colectivo que quiere llevar a cabo). En un principio, este acercamiento se sabe innovador, pero en cierto punto se siente tibio, los límites a los que Reeves pretende llevar al personaje no terminan por explorarse a profundidad. The Batman se detiene a medias en su deseo de romper la imagen que hasta ahora hemos visto del superhéroe. Es entendible que la violencia o el erotismo que pudieran ser alcanzados sean reducidos en una producción de este calibre, pero incluso con esas restricciones la película se aligera en su propia magnanimidad.

Por ejemplo, el papel que Pattinson juega en la cinta, con una interpretación que recuerda a la de Good Time (2017), cumple con las intenciones de Reeves, pero no deja de sentirse un poco desperdiciado, sobre todo después de ver lo que ha podido lograr en los últimos años con realizadores como Claire Denis o Robert Eggers. 

Por todo ello es inevitable no pensar en las adaptaciones precedentes de la figura de Batman, principalmente con The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008), considerada por muchos como la mejor película de superhéroes hasta este momento y con la que empata de mejor forma sus intenciones. Los finales se asemejan, después de muchas dificultades el villano es vencido, pero el peso de su obra permanece. En la película de Nolan esto obligaba a que el héroe huyera, pues había asumido la responsabilidad de un crimen que no había cometido; la perspectiva de su futuro, pese a vaticinar cierta esperanza y paz para la ciudad, era desalentadora. En The Batman el Acertijo concreta parcialmente su plan de destruir la ciudad, aunque Batman logra detenerlo las consecuencias son más graves de lo imaginado, Gótica debe ser reconstruida, desde lo estructural hasta lo anímico y en ese proceso el héroe —derrotado, pero héroe al final de cuentas—, comprende que su modo de ver la vindicación es infructífero.

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Es en esos rasgos de la trama donde Reeves todavía tiene la oportunidad de ser consecuente con el mundo que ha creado —aquel que está cerca del noir y no teme exhumar la tragedia—, porque si bien The Batman trata de consolidarse como una historia en solitario no puede evitar caer en el vicio de la continuidad —dado el éxito alcanzado es muy probable que se convierta en una trilogía, a la par de que ya han sido confirmados al menos dos spin-offs desarrollados en el mismo universo— y de ahí que su futuro pueda ser finalmente pleno o que termine cediendo a su carácter más convencional.


The Batman de Matt Reeves continúa en cartelera mexicana y tiene prevista su llegada a la plataforma HBO MAX el próximo mes de abril.

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