Crítica

Crítica: Así como en el cielo de Tea Lindeburg

Crítica de «Así como en el cielo» de Tea Lindeburg | El debut de una de las directoras revelación de 2021 se centra en la vida de una adolescente que se debate entre su mundo interno y la influencia de la religión en su vida.

El fin de la infancia

Por Pablo Rodrigo Ordoñez Bautista

Los humanos somos criaturas fascinantes y demenciales; seres multidimensionales encerrados en bolsas de carne endebles y cuya portentosa mente tiende a ser moldeada físicamente por poderes externos, poderes que trascienden la lógica y que apelan a ese Homo Espiritualis que argumenta Werner Herzog para simplificar el mundo y su caos inherente en La cueva de los sueños olvidados (Cave of Forgotten Dreams, 2012). Esto ha evolucionado desde los rituales dentro de las cavernas hasta la continua transformación de la palabra de Cristo, deformando su tesis hasta su expresión más mínima y desafortunada, dejando desamparados a los humanos que deciden cobijarse bajo su credo y sus mandatos, aquellos que transmitieron de generación en generación los salmos, las alabanzas y hermosas tradiciones, pero también el miedo, la intolerancia y la supresión de la individualidad.

Así como en el cielo (Du som er i himlen, 2021) es la extraordinaria ópera prima de Tea Lindeburg, quien nos ofrece una lectura de la realidad según el fundamentalismo religioso por el que se rige la vida de Lise (Flora Ofelia Hofmann), hija mayor de una modesta familia danesa que se dedica al campo a finales del siglo XIX. Lise pasa sus días entre la ensoñación y el verde que la rodea impulsada por una alegría inmensa al saberse la primera mujer de la granja en poder acudir a la escuela —a pesar de la decepción que le produce saber que su padre no está de acuerdo—, al igual que por una sensibilidad y esperanza que le hacen disfrutar el estrecho lazo que tiene con sus hermanos y primos. Sin embargo, la tierna fuerza de su incipiente adolescencia será exterminada en tan solo 24 horas al atestiguar cómo el parto de su madre se encrudece hasta culminar en muerte, arrebatándole a Lise el brillo, color y dulzura de su edad, dejándola a cargo de una granja que le demanda convertirse en adulta.

Fotograma de la película «Así como en el cielo» de Tea Lindeburg.

A pesar de la fuerte carga religiosa que impulsa las acciones e ideas de los personajes, la película se nutre de una delicada y profunda reflexión sobre el papel y alcance de los deseos y deberes femeninos. La directora nos muestra de una manera tanto natural como dolorosa el cómo la combinación de fe y patriarcado, pese a que la mayoría de los habitantes de la granja sean mujeres, reprime el deseo en pos de los mandatos sociales. Niñas, adultas, ancianas conviven y procuran el equilibrio de un entorno rígido que, no obstante, encuentra en las psiques de Lise y sus compañeras una constante contradicción y complejidad. Son ellas quienes, estimuladas por su edad y naturaleza impaciente, adoran a la vez que reniegan de Dios, quienes se entregan a cálidos y oscuros ambientes por igual, quienes disfrutan del éxtasis del juego y la crueldad, quienes se dejan embriagar por sus sentidos mientras acatan órdenes… son ellas las que se compadecen de Lise, pero coinciden en que la situación de su madre es, probablemente, un castigo merecido.

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Esta combinación de algarabía y brutalidad, de sonrisas y de sangre se labra mediante imágenes sublimes. Si bien la fotografía realizada por Marcel Zyskind es naturalista en la mayoría de los casos, el movimiento de la cámara obedece a la energía pícara y curiosa de un niño incapaz de mantener quieta la mirada, aunque en ocasiones también a una quietud divina que observa omnipotente el campo, la luna, la niebla, el vaivén de las alas de una mariposa moribunda y la extinción del sol mientras Lise y los niños esperan con angustia creciente el desarrollo de la situación. Esta naturalidad poética que se acompaña de una puntualidad sonora construida, según los emisores, por carcajadas, lamentos o la potencia de una brisa inesperada, se complementa con otro tipo de imagen, una cabalmente metafórica que sugiere el mundo interior de Lise, donde la realidad se transforma por completo para dar pie a tormentas de sangre o humanos en llamas que otorgan ferocidad, complejidad y una gran impresión a la experiencia fílmica.

«La directora nos muestra de una manera tanto natural como dolorosa el cómo la combinación de fe y patriarcado, pese a que la mayoría de los habitantes de la granja sean mujeres, reprime el deseo en pos de los mandatos sociales».

La película es clara pese a sus intrincadas decisiones de estilo, la combinación de múltiples tonos y la convivencia entre lo infantil y lo brutal. Además, la obra fomenta un vértigo en el espectador, uno igual al que sentimos cuando dejamos de ser lo que deseábamos para convertirnos en lo que nos toca, así como Lise, quien poco a poco va quebrándose en pedazos de niña y pedazos de mujer, arrinconando su candor ante las inquisitivas miradas de su familia, abrazando la abnegación y ejerciendo las supuestas obligaciones de su cualidad de mujer, pero ¿qué significa ser una cosa o la otra? Y más importante, ¿según quién?


Así como en el cielo se exhibió como parte de la edición 71 de la Muestra Internacional de Cine de Cineteca Nacional.

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